Burlando a la Parca

24 09 2010

Debuta una nueva sección en el blog, correspondiente a la que hago esporádicamente para el TZH (The Zone Hockey). No es el primer artículo que escribo para dicha revista, pero sí el primero que subo al blog. Por lo que parece, los artículos son menos reflexivos y más en la línea de comentar mis gustos tanto literarios como musicales y cinematográficos. Disfrutad.

La semana pasada mencionaba en mi artículo gemelo del TZF que un escritor novel puede aprovecharse de una corriente de moda para destacar en el mundo de la literatura. En el caso que nos ocupa la situación no es exactamente esa, pues Burlando a la Parca no se encuadra en uno de los géneros en boga estos días, pero sí se aprovecha del tirón de dos series para catapultarse a la fama, aunque tiene sus propios méritos.

Una portada bien simbólica para el libro del que hablamos

Un desconocido médico residente en la Universidad de California, y licenciado en Artes (Humanidades) en Brown de nombre Josh Bazell nos presenta la historia de Peter Brown, un médico poco ortodoxo que se ve envuelto en una situación delirante en un día normal de trabajo. Cuando acude a la habitación de Nicholas LoBrutto para comunicarle las pocas posibilidades que tiene de superar un cáncer de estómago, el paciente lo identifica como Pietro Brwna, un antiguo asesino de la Mafia, ahora en protección de testigos. LoBrutto conoció a Brwna bajo en nombre de Eddy Schillante y le obliga a salvarle la vida a cambio de no denunciarle a sus antiguos colaboradores.

Este caballero en la costa de San Francisco es Josh Bazell

La novela nos cuenta los sucesos del fatídico día del encuentro entre doctor y paciente mafioso, a la par que el protagonista nos narra los eventos de su propio pasado, los que le condujeron a esa situación. Y por una vez en la vida (bueno, en algunas más aciertan, pero pocas) la publicidad que se hace de la novela es acertada: un thriller desopilante entre House y Los Soprano. Bazell recurre a sus conocimientos de medicina para darle verosimilitud a las partes del presente, muy al estilo de la serie que protagoniza Hugh Laurie, mientras que los flashbacks bien podrían haber salido en cualquiera de los clásicos del cine mafioso. Además, el humor negro y crudo de Gregory House está presente en la narración en primera persona, y los diálogos son brillantes a la par que restallan cual latigazos. Quizá la trama y determinadas partes de la misma sean un tanto surrealistas, final incluido, pero el libro engancha de principio a fin para divertimento del lector. De hecho, yo me lo leí en su día, lo he vuelto a sacar de la biblioteca (tengo que comprarlo), leído por segunda vez y comenzando una tercera.

Otro de los puntos fuertes de Bazell es que no se corta un pelo. Las descripciones médicas un tanto escatológicas, la violencia desaforada y las referencias sexuales explícitas juegan un punto fuerte a su favor. Aquí no hay sitio para moñerías ni lenguaje sensiblero y eufemístico: las palabras golpean como un puñetazo del mejor Mike Tyson, y uno se queda con ganas de que le zumben más, hasta dejarle la jeta como un eccehomo. Y al mismo tiempo, el protagonista no es un hombre frío y sin sentimientos: tiene su vena sensible, como descubrirá el lector, sólo que en vez de convertirse en un pastel indigesto se limita a mostrar la cara más humana del antihéroe (llamar héroe como sinónimo de protagonista a Peter Brown no sería acertado) La cursilería se mantiene al nivel mínimo, si es que acaso existe.

Hay que decir, eso sí, que la historia no es nada novedosa, ya que se encuadra en un género clásico como el thriller o novela de suspense, con los toques del mundo médico y la mafia. No es, ni será, la novela definitiva. Pero en un mundo donde todo a casi todo está inventado, y donde ser innovador es cuasi imposible, la fusión de géneros (o crossover que dirían en inglés) es una buena (que no infalible) forma de ser mínimamente original. Alguien que conozca y domine dos o más géneros literarios podrá tomar lo mejor de cada uno y llevarlos a un nuevo nivel si tiene la pericia necesaria para contar una buena historia. Por otro lado, ¿a quién carajo le importa que sea original o sea una obra maestra de la literatura? Es diversión de cabo a rabo, hará que el lector se vicie en busca de nuevos giros argumentales o el próximo comentario sarcástico del protagonista y sobre todo, cómo carajo acabará el asunto. Mi admirado Pérez Reverte dice: Un novelista sólo es bueno si cuenta bien una buena historia. Y no hay duda, Bazell es bueno, para mí, muy bueno. Sólo espero que no se quede en uno de esos fenómenos (mejor que maravillas como yo traduje) de un solo éxito que comentaba en el texto arriba citado. El tiempo lo dirá.

Así que fans de la novela criminal, irredentos seguidores de House y ansiosos devoradores de películas como El Padrino, no tenéis excusa: id a la librería más cercana, a la biblioteca del barrio o pedídsela a un amigo, pero dadle una oportunidad a Burlando a la Parca. La novela lo merece. Eso sí, los quejicas y los moñas que lloran por el lenguaje obsceno y la crudeza de según qué pasajes absteneos. No quiero lloriqueos en ese aspecto. Hay que tener estómago para según qué cosas, así que si vomitáis, es asunto vuestro.

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