De la cultura patria y la extranjera (II)

12 01 2011

Introducción: Lee la primera parte aquí

 

En la última edición de la Torre dejé a medias una réplica al artículo que publicó srperez en el número 400. Para quien no recuerde en qué quedó la cosa, Rafa se quejaba de la invasión cultural que sufrimos por parte de los Estados Unidos, y de cómo su cine y su música desplazan a la que se produce aquí. Yo, sin quitarle la razón, pues la tiene, comentaba que el ostracismo al que relegamos a buenos músicos/letristas españoles también se debe a la escasa atención que prestamos a las letras de las canciones, y que hay canciones que la gente no escucha por no ser en español. El tema del cine quedó pendiente para otro día, y ese día ha llegado.

 

Citando el artículo original, la queja principal de Rafa viene a ser ésta: En el cine no nos va mucho mejor, y es que me atrevería a decir que el 90% de las películas que consumimos actualmente son americanas. Hasta en los anuncios de televisión contratamos actores extranjeros por encima de los patrios. Se me ocurre que el anuncio de Nespresso, bien podrían protagonizarlo Santi Millán y Santiago Segura en lugar de George Clooney y John Malkovich. Por supuesto Santi haría de guapo, que el Segura no da el perfil para ese papel…

Como tengo un morro que me lo piso, le robo a Rafa la imagen del anuncio que puso en el Sacapuntas

Y como siempre, su parte de razón tiene. Basta asomarse a cualquier cine y ojear la cartelera para comprobar que la inmensa mayoría de las pelis que podemos elegir son norteamericanas, salpicadas con algún producto patrio y, quizá y no siempre, alguna película francesa, inglesa, argentina o japonesa. Muy de vez en cuando se ven películas de otros países, siempre que tengan un perfil más comercial, se me ocurre Ciudad de Dios, por ejemplo. Según estoy escribiendo, ando ojeando la cartelera del cine con más salas de Valladolid, y si bien hay más películas españolas de lo habitual (No controles, También la Lluvia, Balada Triste de Trompeta, Entre Lobos, Tres metros sobre el cielo, Los ojos de Julia y Bruc, el Desafío) las más conocidas tienen sello yanki (Las Crónicas de Narnia, o Ahora los padres son ellos, y aunque Harry Potter llegue con bandera inglesa, la mayoría creerá que es americana, como yo mismo.) y hay alguna peli suelta de otras nacionalidades (una francesa, una belga y dos angloparlantes, desde Gran Bretaña y Australia), y si miramos los próximos estrenos el cine de Hollywood gana por goleada. Además, coincide que alguna de las españolas lleva tiempo en cartel y se han unido a estrenos recientes, de ahí que parezca que abunden las pelis de aquí.

 

Ahora bien, llegamos al anuncio de Nespresso, y de cómo lo podrían haber interpretado actores españoles en vez de americanos.

A este planteamiento le veo dos problemas: el objetivo del propio anuncio y lo adecuado de la elección de los actores. Sobre lo primero, como bien apuntó mi novia, hay que plantearse si el objetivo del anuncio es el mercado español o también el internacional. No tengo idea de qué recepción tendrá la marca fuera de España, pero trasteando por la Wikipedia en español he encontrado una foto de una tienda de Nespresso en Londres. Eso, unido al hecho de que la marca pertenece al Grupo Nestlé, una potente multinacional, hace sospechar que el anuncio se haya emitido en otros países además de aquí. Y sintiéndolo mucho, tienen más proyección internacional Clooney y Malkovich que Segura y Millán. Apostar por los yankis es jugar a caballo ganador en el plano internacional, y la compañía va a mirar el beneficio que les producen dos estrellas de Hollywood, conocidas en todo el mundo, y dos actores conocidos en España pero semidesconocidos fuera. No hay color, nos guste o no.

 

Luego está la cuestión de la adecuación, el decoro del que hablaba Horacio. Rafa dice que el papel de guapo sería para Santi Millán, por lo que Segura quedaría en el papel de Dios. Y eso puede funcionar en un contexto humorístico (en Dogma de Kevin Smith Dios es grande, bondadoso y justo… y Alanis Morrissette) pero no en uno más serio, por mucho toque gracioso que tenga el citado anuncio. Segura haciendo de Dios serio no funcionaría, igual que no pondrías a Sean Connery a su edad a hacer de galán veinteañero o a Miley Cirus a la suya a interpretar a una mujer menopáusica. La imagen que tenemos de Dios es de un hombre mayor con aire venerable, imagen que Segura no da y sí, por ejemplo, Emilio Gutiérrez Caba, por seguir con actores españoles. Un casting bien hecho ha de adecuarse a lo que se quiere conseguir. No funciona igual como tipo duro Zac Effron que Dwayne Johnson, igual que The Rock como galán guaperas tiene poco futuro. Puede que tenga más peso en mi razonamiento el punto anterior, pero no ha de olvidarse éste.

La prueba definitiva de que Dwayne Johnson no vale para galán guaperas

Por último, una consideración sobre el cine español y el americano. Hay una tendencia opuesta entre crítica, público y gremio de actores a la hora de considerar ambos cines. Mientras el público prefiere las películas yankis (a la taquilla me remito), crítica y gremio ensalzan sin parar las películas y actores, hasta el punto de considerar más influyentes en sus vidas a Fernán Gómez antes que a James Stewart, que Burt Lancaster no aparezca entre “los 100 actores que marcaron una vida” (toda una vergüenza) o El día de la Bestia antes que El Hombre que mató a Liberty Valance. (leedlo aquí) Y yo me pregunto: ¿de verdad? ¿Hablamos en serio? ¿Es tan bueno el cine español? ¿Tenemos actores más icónicos y actrices más guapas que las de Hollywood? ¿Tiene el cine español la suficiente imaginación y talento para rodar una película como Origen? ¿Ha marcado más Alfredo Landa que John Wayne? ¿Gracita Morales más que Marilyn Monroe? No veo demasiado cine español, lo admito, así que no creo juzgar de forma ecuánime, pero me ha marcado más Clint Eastwood que Jose Luis López Vázquez. Y creo que a más gente le pasa igual.

 

En resumen, tanto de este artículo como del otro, USA nos invade, sí, hay que defender el producto español, también, pero al César lo que es del César: la Mahou nunca será tan buena como la Grimbergen, el DYC jamás podrá con el Jack Daniel’s y la Derbi correrá mucho pero no es una Harley Davidson. Igual que donde esté una paella que se quite una hamburguesa. Aunque joda, hay que reconocer que en algunas cosas, los yankis nos dan vueltas. Pero que también nos llenan de mierda. Meterlo todo en el mismo saco no es hacer justicia ni a unos ni a otros (si a nosotros nos jode que nos equiparen en según qué cosas, no hagamos lo mismo). No hay que ser tonto ni de mente cerrada, mientras sea posible. Y éste es uno de esos casos.





De la cultura patria y la extranjera (I)

12 01 2011

Introducción: Este artículo tenía que haber salido hace semanas, pero por diversos motivos no lo ha hecho, pido disculpas y subo las dos partes seguidas.

 

Si recordáis, hace dos semanas, en el TZE 400, srperez reivindicaba la cultura española por encima de la norteamericana, y cómo ésta nos invade, coloniza y todo lo demás. Mencionaba que desde Estados Unidos nos la han metido doblada y escuchemos (sic) a Blind Guardian y a Queen en vez de a bandas españolas. Yo puse el grito en el cielo porque Blind Guardian son alemanes, no yankis, y Rafa, guasón, me decía que el punto del artículo no era la teutonidad o no de los chicos de Hansi Kursch, que la cosa iba más allá. Claro, replicaba yo, pero eso me lo guardo para la Torre. Y aquí estoy, tras el obligado artículo de la semana pasada, dispuesto a hablar del asunto.

No trataré el tema gastronómico con el que empezaba su artículo mi vecino de columna porque no hay nada que discutir: España la de mil patadas en el culo en ese aspecto a Yankilandia (y por mucho que se jacten de las hamburguesas, la más rica del mundo la hacen en Liverpool). Me centraré más en la música y en el cine. Comparto en líneas generales lo que dice el artículo, pues es bien cierto que casi cualquier pijada que triunfe por la autodenominada Tierra de la Libertad (ya sabemos lo muy discutible que es eso, pero no es éste ni el momento ni el lugar) nos la tendremos que comer por aquí. ¿Qué se hace famosa esa entidad descerebrada que es Paris Hilton? En las teles españolas nos la comemos. ¿Triunfa Lady Gaga que no es más que una puesta al día de lo que fue Madonna,, con la misma calidad que ella, es decir en torno a ninguna? Las radios españolas nos bombardean con el “Poker Face” o como se llame. ¿Qué es un exitazo de taquilla la última de Adam Sandler o Ben Stiller, que lo siento por sus fans pero a mí no me hacen ni puta gracia? Pues todos a verlas al cine, zampando palomitas y gritando en voz alta sus comentarios chorras. Eso es indiscutible y es difícil no verlo y más negarlo.

 

Pero, siempre hay uno, Rafa decía: como si nuestros cantantes no regalaran letras impresionantes a nuestros oídos, ahí andan el Sevilla, Sabina o Seguridad Social, que nada tienen que envidiar a los grupos americanos y sin embargo tienen que vivir a la sombra de ellos. Y ahí entramos en terreno resbaladizo, por dos razones, por los ejemplos y por la cuestión de las letras en sí. Sobre lo primero, el Sevilla me hace reír, pero no siempre, y no lo encuentro tan divertido como al Reno Renardo (mucho ojo a su recién parido Todos contra el Canon), los temas de la mente increíblemente retorcida y bizarra de Juan Abarca de Mamá Ladilla, o los legendarios Gigatrón. Sobre sabina no hay nada que alegar. Y de Seguridad Social, mi opinión la resumen mejor el Maki o Popeye en aquellas tiras de Ivá: Po bien, po fale, po malegro A los ejemplos del sacapuntas añadiría yo a Serrat o las desgarradas letras de Yosi de Los Suaves.

En lo tocante a las letras, estamos ante un problema, y es que la gente en general no les prestamos atención. Y si no a los hechos me remito: las canciones del verano tienen unas letras de lo más gilipollesco, el reggaetón o como cojones se diga es para vomitar, y muchos artistas “serios” tienen unas letras insoportables, noñas y manidas. Ahí está Alex Ubago, al que siempre han dejado sus novias, más deprimentes que el Pornography de The Cure o el Streams from the Heavens de Thergothon, o esas letras psuedoprotesta que te meas de la risa (el No, no a la guera que la guerra es mu perra, y luego me fumo un puro, de Las Niñas, o la patochada de Bebe sobre el maltrato femenino) o que a un fulano como Dinio, en su día, le publiquen una canción y la gente la baile. Rafa cita tres grupos que merecen la pena, de ¿cuántos pululan por la escena? No nos engañemos, cantamos la primera parida mínimamente pegadiza que nos echen (yo mismo he pagado por ver a gente como el Reno Renardo o Los Gandules). Nos dejamos llevar por la música y vale.

 

En cuanto a que a estos artistas les hacen sombra los yankis, depende también de la gente. No son ni una ni dos a las que les he oído decir eso de no me gusta X grupo porque canta en inglés y no lo entiendo. Vaya, ni que se les entendieran mucho al asmático de Alejandro Sanz y la voz de gallo afónico de Shakira en el dueto que se montaron hace unos años. O como si fuese impedimento emocionarse con una canción por no entenderla: yo no sé muy bien qué me está gritando Till Lindermann cuando dice eso de: Nun liebe Kinder gebt fein acht/ich bin die Stimme aus dem Kissen/ich hab euch etwas mitgebracht/ein heller Schein am Firmament/Mein Herz brennt o tampoco sé traducir muy correctamente eso de Dilegua, o notte! Tramontate, stelle! All’alba vincero’! y eso no impide que la primera sea mi canción favorita de Rammstein o alce el puño a media altura mientras digo eso de ¡¡¡Ole, Luciano!!!, cuando escucho la segunda. Y no saber Soumi no me impide echarme unos pogos con el Trollhammaren de Finntroll, tener que preguntarle a un colega sobre la traducción exacta de El Palau dels Plors de Foscor (El palacio de los llantos, título que a mí me recuerda mucho al Mouning Palace o Palacio de los Lamentos de Dimmu Borgir, sólo en el título) no impide que aprecie el sonido black metal de esta banda, o no enterarme hasta echarme novia que el Basoaren Semeak de los Numen viene a significar hijos del bosque.

Lo que quiero decir es que el idioma o las letras no han de ser impedimento para acercarse a cierta música. Es cierto que si tienes una buena canción con una gran letra, miel sobre hojuelas, o que una canción musicalmente estándar se convierta en una gran canción gracias a la letra. Pero hay grandes canciones que lo son sin necesidad de una letra brillante (se me ocurre Enter Sandman de Metallica) o tienen una buena letra pero no se entiende por ser en otro idioma (el canto antipatriótico Born in the USA de Bruce Springsteen, se entienda o no, no deja de ser un gran tema de rock comercial y pegadizo) Y que hay grandes letras (las menos) y grandes bazofias (las que más, por desgracia) en cualquier idioma. Del cine ya hablaremos otro día.





Los fantasmas del Roxy

21 12 2010

Los habituales de la Torre sabrán bien que cito de vez en cuando a Joan Manuel Serrat en mis artículos. Son 26 años de escucharlo en mi casa, bien sea en cinta, bien en CD, o bien a mi madre, cuando está de humor (cada vez menos, hay que decirlo) A la larga, le acabas cogiendo cariño. Así que me crié entre Mediterráneo, Una de Piratas, Cada loco con su tema u Hoy puede ser un gran día. Pero esta vez viene a colación una de mis favoritas, que da título a este texto, y se ha vuelto realidad, para asombro y desgracia del abajo firmante.

 

 

Para aquellos que no tengan ganas de escuchar el tema, Serrat habla de un cine modesto en el que antaño vio muchas películas, hasta que se convirtió en un banco. Después, en dicho banco, los fantasmas de viejos actores y actrices (Fred Astaire, Ginger Rogers, Clark Gable, Glenn Ford o George Raft) aparecen por el banco como Pedro por su casa, porque, como dice al final, no descansan en paz.

 

Hace un par de domingos después de un concierto del Reno Renardo y una noche de fiesta estuve con mi novia comiendo en casa, con mis padres cuando saltó la noticia: el Casino de Boecillo se trasladaba al emblemático cine Roxy de Valladolid, tras un acuerdo de alquiler durante 25 años. No era capaz de dar crédito: cerraban el último cine clásico de la ciudad, uno de los dos que sobreviven de la época de mis padres, junto con el Cine Mantería (y con todos mis respetos para este último, pero no tenía ni una mínima parte del encanto del Roxy) y referente imprescindible año tras año en la Seminci. Ignoro si le va mal a esta legendaria sala, pero la cosa tiene delito capital: a unos 20 metros más o menos, en la misma acera y sin necesidad de cruzar ninguna calle, agoniza el Lope de Vega, cerrado desde hace bastantes años, a la espera de una reforma que probablemente nunca llegue. En cambio, el acuerdo firmado por Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid y desde entonces, uno de mis villanos personales, y los responsables del Casino nos deja a los cinéfilos sin el cine referente de la ciudad en lugar de mantener dicho emblema y darle un nuevo uso a otro edificio que ha conocido tiempos mejores.

El Roxy, del que veis una imagen de su fachada debajo y algunas de su interior aquí,  es mi favorito de toda la cuidad, sin discusión. La amplísima sala A, la principal, con butacas amplias y cómodas, y sobre todo, esa arquitectura clásica que recuerda a otros tiempos no tiene parangón en Valladolid. La sala B e bastante más pequeña y discreta, y en ella sólo recuerdo haber visto Apocalypto rodeado de una insoportable pandilla de adolescentes y con la ironía de un único tráiler, el de la película que pasaban en la sala principal. Pero en la grande se está como en ningún sitio, y ahí, siempre que se ha dado la ocasión lo he pasado de maravilla viendo Quemar después de Leer, Shutter Island o quedarme absolutamente embobado, incapaz de despegar los ojos de la pantalla mientras proyectaban Origen. La comodidad de su céntrica ubicación, equidistante entre mi casa (a unos cinco minutos) y la zona de fiesta, y las razones arriba esgrimidas hacen que si mi novia y yo hacemos planes para ir al cine y la cinta la pasan en el Roxy, no haya dudas de la elección: siempre el cine Roxy.

Así luce la fachada del Roxy cualquier noche.

Pero a partir de 2011 tengo que dejar de contar con esta emblemática sala. Mis padres siempre hablan de la ingente cantidad de cines cerrados y desaparecidos desde sus tiempos de juventud, muchos de los cuales no conocí: Pradera, Avenida,  Lope de Vega, Coca, Calderón, Zorrilla, (estos dos funcionaron como cine y teatro, ahora sólo como teatro) Matallana, Babón, Vistarama, La Rubia, Rex, Alameda, Goya, Delicias y Embajadores, de los que recuerdan de memoria y sin mucho esfuerzo. A esta lista ahora ha de pasar el Roxy, todo para que algunos ludópatas no tengan que coger el coche para jugarse los cuartos y los dueños se lucren al atraer (en teoría) más clientes. Además, todo el que ha visto cualquier peli de la Mafia sabe qué se puede esconder detrás de un casino (lo que no quiere decir que los actuales dueños del casino sean unos trafulleros) Ya se sabe, el capital manda, y si los habituales del cine no aportamos suficiente guita, se nos acaba el tema. Al menos a este Roxy no le pasará como al otro, demolido: En medio de una roja polvareda/ el Roxy dio su última función,/ y malherido como King-Kong/ se desplomó la fachada en la acera.

Lo que sí espero al menos es que, igual que en la canción, los fantasmas del Roxy se les aparezcan a los futuros jugadores y empleados del casino, pero no de forma pacífica, sino para darles las suyas y las del pulpo a los que permiten semejante barbarie cultural. Así pues, que una noche un estrafalario y desharrapado ladrón de poca monta les birle la recaudación, y tras noquear al segurata, se dé la vuelta y diga:  y recordaréis  este día como el día en el que casi capturáis al Capitán Jack Sparrow. O que Viggo Mortensen, ora como Aragorn, ora como el Capitán Alatriste, les ajuste las cuentas a espadazos, con Anduril o la toledana y la vizcaína según proceda. Me gustaría ver a Heath Ledger con su sonrisa de payaso psicópata hacer el truco del lápiz (los que hayan visto El Caballero Oscuro saben de lo que hablo, los que no, tardan en verla). Tal vez una mitad del casino empiece a elevarse en vertical, con la gente cayendo, mientras Ellen Page intenta impresionar a Leonardo di Caprio para que le deje entrar en su equipo en la peli Origen, con el fantasma de Marion Cotillard planeando como una sombra sobre la escena. O qué diantres, que aparezcan las hordas de orcos de Sauron y Saruman y dejen aquello como las Ciénagas de los Muertos. Porque infamias como ésta no se perdonan.





Del olvidado arte de dialogar

8 12 2010

Dice la RAE que un diálogo es una:

1. m. Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos.

Y añade en su tercera acepción (la segunda hace referencia a obras literarias, y este no es el caso):

3. m. Discusión o trato en busca de avenencia.

Por si acaso, añado la definición de avenencia:

1. f. Convenio, transacción.

2. f. Conformidad y unión.

Y la verdad es que ambas definiciones son perfectas para el tema principal de esta columna semanal, pues observando la realidad no se cumplen ninguna de las dos definiciones de diálogo en un número alarmante de casos, lo que considero un gran mal en esta sociedad en la que vivimos.

Vayamos de lo particular a lo general para entender mejor mi punto, primero con un ejemplo inventado y luego con otro real. Suponed que a Gublin y a mí nos encargan un trabajo en el que ambos tenemos una competencia similar (porque si dicho trabajo fuera de la especialidad de cada uno nos fiaríamos del criterio del otro). Como es un ejemplo hipotético, pongamos que dicho asunto es los niveles de indigencia en Vladivostok y su aumento desde el inicio de la crisis. Supongamos que queremos llevarlo a buen puerto, ya sea por el hecho de la investigación en sí o porque nos pueden dar un premio, por ejemplo. Lo lógico es que busquemos la citada avenencia para establecer unos criterio de cómo vamos a llevar a cabo el trabajo, pues si cada uno tira para su lado, de premio nada. Pero si en vez de dialogar en busca de convenio nos empecinamos en mantener posturas divergentes, el resultado final del trabajo será un desastre en lugar de un éxito.

Pasemos a un ejemplo real. Llevo 4 años con mi novia, y ambos creemos que una de las claves de seguir juntos es el diálogo. Hablamos todo, y cuando surgen los problemas intentamos ver cuál son las posturas de cada uno y cómo conciliarlas. Unas veces se sigue mi criterio, otras el suyo, y hay otras ocasiones en las que ambos cedemos. Puedo imaginarme lo que muchos estáis pensando en este momento, y ese es el problema (siempre desde mi punto de vista) de que tantas relaciones no funcionen. Si yo cedo, el sector masculino opinará que soy un calzonazos y un amariconado como mínimo, y ella una marimacho o una sargenta, mientras que las mujeres pensarán que ella es toda una mujer con los criterios muy claros y que no se deja manipular por nadie. En cambio, si se impone mi criterio, los hombres me elevarán a la categoría de macho español como está mandado, mientras que para ellas seré poco menos que un pene con patas, y mi novia una víctima de la sociedad falocéntrica.  Quizá no todo el mundo piense igual, pero sí una mayoría. Y sin embargo, nosotros pensamos que así nos va muy bien. Hay dos egos a satisfacer y mantenemos el equilibrio. Pero muchos no quieren verlo así, aun en situaciones donde no sabemos qué hacer o nos da igual, y como la sugerencia que hace el otro no nos parece mal, la seguimos sin más.

 

Ahora pensemos en la sociedad en general, y cómo lo que he ejemplificado no se cumple. Hay situaciones en las que se requiere que ambas partes dialoguen en busca de avenencia, pero de diálogo nada. Lo primero porque más que diálogos son rondas de insultos (o diálogos de sordos, como define la RAE: Conversación en la que los interlocutores no se prestan atención) y luego, porque de avenencia, convenio o transacción nada de nada. O se satisface totalmente el ego de una de las partes (y por tanto, ignorando las peticiones de la otra parte) o no hay trato. Y por detrás estarán el coro de partidarios dispuestos a machacar a la opción opuesta y a llamar vendidos a la propia si ésta hay una concesión, por mínima que sea. Mirad por ejemplo la cuestión de los nacionalismos centrífugos y los centrípetos en España, que siempre se debate de vez en cuando (y más ahora con elecciones a la vista). Pero no es lo único: los acuerdos entre patronal y sindicatos, el villarato y a quién favorece o deja de favorecer, o los crucifijos en las aulas son también buenos ejemplos de lo que digo. Y si a eso le añadimos el toque selecto de los eternos agravios que lavar (otra idea que le tomo prestada a Javier Marías, léase su artículo Vengan Agravios), los cuales hacen que la parte agraviada jamás esté satisfecha, tenemos el cocktail ideal para el cuento de nunca acabar.

 

Cualquier parecido entre un diálogo de verdad y un intercambio verbal entre estos dos señores es pura coincidencia

 

Ante todo esto uno se pregunta a qué se debe semejante comportamiento. ¿Será cosa de los programas del corazón, que han perfeccionado (por paradójico que resulte este calificativo) el cotilleo de escalera de vecinos, y que visto su éxito han convertido a la política en un circo decadente y patético, y autoclonado en la prensa deportiva con los infames Inda, Vehils, Punto Pelota y sus adláteres? ¿Será cosa de que estos señores (y por extensión, los que les siguen ciegamente) tienen el ego tan inflado que creen que la razón les asiste en todo lo que hacen y que jamás lo hace a quienes le contradicen? ¿Será cosa de que hay que aplastar al oponente por encima de todo lo demás? ¿Quizá la cosa tenga que ver con complacer a un determinado sector social para hacerse o mantenerse en el poder, a toda costa? ¿O más bien que el ser humano es de natural egocéntrico y creemos que debemos estar bajo la luz de los focos siempre, a pesar de que no tengamos razón, digamos tonterías o no escuchemos a los demás? Me inclino a pensar que un poco de casi todo y un mucho de la última razón.

 

Tiendo a pensar que con un poco de diálogo y voluntad de avenimiento nos iría mejor en todos los aspectos. Pero como hacemos oídos sordos al diálogo así nos va. A la hora de redactar estas líneas las cosas entre las dos Coreas están tensas, quién sabe si cuando las leáis haya una nueva guerra en marcha, la peor de las soluciones a los desacuerdos y el mejor ejemplo del estratosférico ego de algunos dirigentes. Andrés Montes solía decir porque la vida puede ser maravillosa. En casos como estos, la vida sólo puede calificarse de lamentable. Como mínimo.

 





35 años

23 11 2010

20 de noviembre de 1975. El Presidente del Gobierno Arias Navarro comparecía de madrugada ante la televisión para anunciar la muerte del general Franco, jefe del estado español bajo el régimen de dictadura durante casi cuarenta años (los tres primeros de facto en el bando nacional durante la Guerra Civil) Los telespectadores asistían a un momento clave en la historia de España, mientras se preguntaban qué iba a suceder con el panorama político tras ese trascendente anuncio.

 

Sería innecesario hacer un repaso de cómo evolucionó el sistema político durante la Transición, pero por si alguno anda falto de memoria, haré un minirepaso (como es mini, omitiré muchas cosas). Ante las posturas extremas del búnker (la ultraderecha) y la izquierda más radical, que exigía una total ruptura con el estado anterior, se impuso una vía intermedia, una monarquía parlamentaria. La aprobación de una Constitución de corte democrático, creada por representantes del todo el espectro político (tres miembros de la extinta UCD de Suárez, uno de la entonces Alianza Popular, actual PP, uno del PSOE, un nacionalista catalán y un miembro del Partido Comunista) estableció la ordenación del territorio en Comunidades Autónomas, reguló los poderes de la Corona y admitió la laicidad del Estado, entre otros puntos. Las primeras elecciones generales del año 78 dieron la victoria al centro (CDS), y tras un golpe de estado fallido, la alternancia de partidos se produjo en el 82 con la victoria del PSOE, en el 96 del PP y el 2004 nuevamente del PSOE.

 

A simple vista, podría decirse que el balance es bueno. De un régimen en el que no había apenas derechos para el individuo a uno donde se nos reconocen los básicos de las personas y alguno más, aunque a la ciudadanía se nos olvide que los derechos conllevan unos deberes (eso se puede tratar otro día), donde se da voz y voto a colectivos antes ignorados, y donde cada uno puede expresar libremente su opinión (aunque nos olvidemos de que en la cita atribuida a Voltaire de No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo, no significa que las opiniones no sean rebatibles e incluso satirizables) También tenemos el derecho de poder elegir quién nos representa al frente del gobierno de la nación, que ya es bastante más de lo que tenían nuestros padres. Ya comenté en su día en mi artículo Un hombre sin patria que gracias a que nací en una democracia puedo declararme ateo o firmar artículos de opinión sin que la ley, civil o religiosa, quiera poner mi cabeza en una pica, lo cual agradezco sinceramente.

 

Pero cuando echo un vistazo a mi alrededor, al panorama sociopolítico que me rodea, me pregunto si durante estos 35 años hemos aprendido algo, y me da la impresión de que no. En lugar de avanzar por el bien común cada uno se dedica a barrer para casa y que el resto se apañe. No sólo eso, en lugar de fomentar el diálogo entre las distintas opiniones lo que se predica es la crítica exacerbada, el odio sin ningún motivo y el insulto a todo aquel que no piense como uno mismo. Cuando ve a los actuales políticos se pregunta si realmente les importan aquellos a los que gobiernan, o sólo hacer quedar en ridículo a los contrincantes. Hace tiempo que no veo una defensa o una crítica a una ley sin faltas de respeto entre unos y otros. Hace tiempo que no veo una crítica razonada de la actuación de los oponentes, sólo “lo que hace el otro partido malo” “lo nuestro es mejor” y el clásico “y tú más”. Y no sólo en política, fijaos en la tele o en los medios. Todos exactamente igual.

 

Ahora que no hacen más que recordar una y otra vez la Guerra Civil, la que empezó todo esto, me reafirmo en mi opinión de que no hemos aprendido nada. Si por aquel entonces las posiciones políticas estaban enfrentadas sin posibilidad de conciliación, ahora lo siguen estado, por suerte no de forma tan visceral, pero la citada reconciliación sigue pareciendo imposible. Se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y éste me parece un buen ejemplo de ello. Estamos repitiendo la misma situación que en el pasado, sólo para satisfacer el ego de unos cuantos exaltados. También dicen que si ignoramos la historia estamos condenados a repetirla. Pero como sabiamente apuntaba, cómo no, Garth Ennis en boca del teniente Connolly mientras sermoneaba a Tommy “Hitman” Monaghan: Después de 40 años debo admitir que aquellos que no ignoran la historia también acaban repitiéndola. Porque la gente sólo extrae lo que le interesa de la historia. Por eso hay idiotas matándose unos a otros desde Belfast a Chechenia. Porque se aferran a la mierda del pasado para justificarlo… Y lo que estamos haciendo es lo mismo: aferrarnos a lo que nos conviene para justificar casi cualquier cosa. No es cuestión de olvidar el pasado, es cuestión de seguir adelante para construir el futuro desde un presente realmente unido. Y eso, tal como están las cosas no se lo cree nadie.

 

Hemos tenido 35 años para aprender. 35 años para hacer de España un país mejor. 35 años para consolidar un sistema que, si bien no es el mejor, es de todos los males el más suave. Pero lo único que hemos visto es que se cumple lo que decía Orwell, que lo importante es estar en el poder por el poder mismo. Así nos va, y así nos va a ir. Luego quieren que gritemos ¡Viva España! Pues desde luego, yo no pienso decirlo. Al menos no con esta España. Podríamos tener una España mucho mejor, y nos negamos a ello. A ver quién es el que arregla el desaguisado. Pero mientras sigan con esta actitud, que no cuenten conmigo. Yo quiero una España mejor, sí, pero la vuestra no me lo parece. En lugar de volvernos más sabios, más tolerantes, más racionales y más equilibrados, lo único que hemos hecho durante estos 35 años es volvernos más gilipollas.





Fumando espero

15 11 2010

Pronto va quedar obsoleto el tango de Gardel, del que conocemos más la versión de Sara Montiel, porque dentro de nada no vamos a poder fumar casi en ninguna parte, porque la próxima ley Antitabaco va a prohibir fumar casi en cualquier parte, de modo que los que se deleiten prendiendo un pitillo lo llevan claro. Pero vayamos por partes.

 

 

Como complemento a la ley de 2006, al cambiar el año (si no me equivoco, dejarán el 1 de Enero como día de gracia) una ley por la cual se prohibirá fumar en todo tipo de recintos cerrados, ley que afecta en especial a los bares. Antes dependiendo del tamaño se permitía al dueño de un bar decidir si en su local se permitía el humo del tabaco o no, para recintos más grandes era obligada la división de fumadores y no fumadores. A partir de la entrada en vigor de dicha ley, quien quiera fumar tendrá que salir a la calle para poder hacerlo. La idea es proteger a los no fumadores del humo, que puede llegar a causar cáncer de pulmón y enfermedades respiratorias a los que respiren dicho humo.

 

Vaya por delante que servidor no ha cogido este vicio nunca, si bien sí que me he fumado mis cigarrillos cuando me ha apetecido. Vaya también por delante que soy consciente de los efectos negativos que causan en la salud del que no fuma. Es más los he vivido en primera persona. He compartido habitación con mi hermano durante años, y mi hermano fuma en ella. Desde que empezó con el vicio en serio, todos los inviernos yo me cogía un resfriado de miedo, que me duraba varios días, con abundancia de tos (parecía que era yo el que fumaba) y mocos. Dado que había una habitación libre en casa, me mudé a ella, y desde entonces, ni un solo catarro, ni problemas respiratorios, ni nada. He ganado claramente en salud.

 

También he estado en Inglaterra. Allí no se puede fumar en los pubs, y admito sin problemas que es una gozada entrar en el Cavern, o el Jacaranda, o el Pilgrim, o el Philarmonic y poder tomarte una pinta sin que te ahúmen. Es  de lo más agradable entrar en el Phil, pedirte una de esas hamburguesas con ternera de Aberdeen que están para chuparse los dedos (son caras las jodías), regarla con una pinta de Bombardier’s y todo ello sin que tengas que aguantar el desagradable olor del tabaco mientras comes (hace que la comida sepa peor) convierte la experiencia en toda una maravilla.

 

Las mejores hamburguesas del universo: las del Phil.

Pero detrás de esta medida proteccionista hay un principio democrático que se está yendo a paseo, como bien dijo Javier Marías en su artículo Mundo de Moñas:

 

Y son cada vez más los políticos que, sin darse cuenta de la barbaridad dictatorial que propugnan (o sí se la dan y les trae sin cuidado), piden que cambie la legislación y que, en vez de estar permitido fumar y beber en todas partes salvo en las que se especifique que no se puede, beber y fumar esté prohibido en todas partes salvo en las que se especifique que sí se puede. El autor del artículo que leí, Nick Cohen, señalaba con acierto el disparate de estas pretensiones: acabar con ochocientos años de un principio acordado, según el cual todo acto es legal excepto los que estén tipificados como delito, para dar paso a la monstruosidad de que todos sean delito excepto los expresamente tipificados como legales. El mundo al revés, y el infierno que Orwell imaginó en su novela 1984, advenido dos decenios después.

 

Es por eso que me tengo que manifestar en contra de esta medida. Podría ser el primer paso para medidas prohibicionistas en la misma línea. ¿Qué les impide regular aún más el consumo de alcohol, el consumo de grasas (específicamente torreznos, dice el amigo serestos en el chat MZ del IRC) o las relaciones sexuales (hay que prevenir las ETS)? ¿Velar por la salud de todos puede llevar a restringir las libertades individuales? ¿Cuál será el siguiente paso, prohibir fumar en las terrazas, muchas de las cuales están cerca del tráfico?  Uno no puede evitar hacerse estas preguntas viendo el afán de prohibirlo todo (a los toros me remito). La cuestión de la prohibición total del tabaco en cambio ni se me pasa por la cabeza, por razones bastante obvias, que cualquier lector puede descubrir sin que las señale. Lo que no quita que uno tenga la sensación de que se esté criminalizando a los fumadores. Como decía el especial del tabaco de la revista El Jueves en su editorial: Lo que ya no parece tan normal es pasar de una situación de total indefensión del no fumador (N del A.: Previamente el artículo hacía referencia a que antaño fumaba mucha gente y el no fumador apenas tenía derechos) a una situación de total indefensión del fumador. Los extremos nunca fueron buenos.

 

Hay una cuestión más que he dejado para el final por ser de menor relevancia, pero también ronda por mi mente. Cuando estaba en Inglaterra vi a gente fuera de los pubs fumando y con la pinta de la mano. ¿Permitirán en España lo mismo o como está prohibido beber en la calle habrá multas por ello? ¿Tendrán los bares que aprovisionarse de vasos de plástico para que la gente pueda salir a fumarse un pitillo con la bebida? ¿O tendrán que joderse y dejar la copa dentro? Y a todo esto, ¿hay suficiente policía para que se vigile el cumplimiento de la norma, o no hay cosas más importantes a las que puedan dedicarse? Interrogantes estos ahora sin respuesta y de los que seguro descubriremos la verdad demasiado tarde.

 

Así que lo dicho, aunque entienda de sobra los beneficios para mi salud de la medida, y agradezca no oler a tabaco después de andar de bares, me niego a aprobar esta ley. Prefiero seguir diciendo a los fumadores que aparten un poco el cigarro, por favor, o incluso pedirle uno a mi hermano si se tercia, que dar pie a que luego lleguen otras medidas igual de intransigentes. Puede que luego no se llegue más lejos, pero la mera posibilidad de que pueda hacerse me aterra. Y por ahí no paso.





Carta a Javier Marías

9 11 2010

Valladolid, 5 de noviembre de 2010

 

Estimado señor Marías:

 

Permítame la osadía de dirigirle a usted esta misiva en busca de una respuesta que tal vez no sepa, o quiera, o no tenga tiempo de darme. Sé que no soy uno de sus adeptos más incondicionales, pero leo sus artículos con notorio placer, además de compartir título de licenciatura. Así pues, me dirijo a usted en calidad de seguidor, y de recién licenciado a filólogo veterano.

 

 

Hace ya unos meses que tuve la oportunidad de leer Lo que no vengo a decir, una colección que sus lectores agradecemos, aunque usted se vea a sí mismo como un plasta, cosa que dista y mucho de ser. Disfruté de todos los textos recopilados en mayor o menor medida, pero me llamó la atención de forma especial el llamado Anímense. Si bien es cierto que no es la primera vez que usted trataba el tema, éste me atrajo porque es la exhortación más clara, a mi entender, que hace usted para que la gente acudamos a las urnas cuando toca. Además viene a cuento porque, aunque no me toque votar ese día, ya hay fecha para las elecciones catalanas (incluido el problema con el Clásico, que usted y yo veremos apoyando a un bando distinto), lo que me recuerda que no dentro de demasiado llegarán las municipales y autonómicas en la mayoría del territorio español.

 

La cuestión es que, si bien entiendo los argumentos que usted hace a favor de votar y de la irresponsabilidad que supone el no hacerlo o hacerlo en blanco, no soy capaz de decidirme a ejercer mi derecho a acudir a las urnas, al menos de cara a las elecciones generales. Y tampoco soy muy entusiasta con las autonómicas y municipales, aunque en este caso el motivo es ligeramente distinto. Pero iré por partes.

 

Usted propone que, en caso de no tener una opción definida, votemos a quien nos caiga menos mal, o nos de 98 o 99 patadas en lugar de 100, pero que votemos. El problema es que en el panorama político actual, a nivel nacional, no existe ningún partido que me de esas 98 o 99 patadas en lugar de las 100 que me producen las agrupaciones mayoritarias del Parlamento. Confieso que por simpatías voté en las pasadas elecciones al PSOE, pero la cantidad de errores que están cometiendo y su incapacidad absoluta para solucionar la crisis económica que nos asola me lleva a negarles mi voto. En cuanto al PP, la idea de apoyarles me da tanta (o más) repulsión. El que políticos acusados de corrupción cuenten con el beneplácito del partido, su falsa sensación de unidad en los congresos centrales cuando sabemos que sus miembros están a la greña, y sobre todo, que sus medidas no van a beneficiar al españolito de a pie, sino a los poderosos, me dan ganas de cantarles ese estribillo que la banda Helloween cantaba allá por 1998: Do you really think we’re that blind? Don’t spit on my mind!

 

En cuanto a opciones minoritarias, la cosa tampoco anda muy bien. Izquierda Unida hace tiempo que dejó de ser una alternativa firme, su política apenas tiene peso debido al actual sistema de reparto de escaños, y no encuentra un líder que haga retomar ese poder perdido. UPyD sigue siendo la misma incógnita que en 2008, no ha tenido tiempo de desarrollarse lo suficiente para que su voz se haga notar, menos aún con un único escaño y el nulo tiempo que recibe en los medios, esencial para llegar al ciudadano (me pregunto cuánta gente se acuerda o se acordará de ellos) La extrema derecha con su furibundo racismo y su política de Dios, Patria y Rey no es válida parta un ateo, no nacionalista y republicano (no activo). Los partidos nacionalistas también quedan descartados, pues ya he dicho que no me considero nacionalista, a mi modo de ver son gente que antepone la patria a la persona y yo entiendo que ha de ser al revés. Los partidos de extrema izquierda, si bien cuentan con un mensaje más solidario que los demás, suenan demasiado utópicos en un mundo tan corrupto como el nuestro. Finalmente, existe la opción del partido del Cannabis, pero más allá de la legalización de dicha sustancia, no veo otros proyectos de gobierno.

 

A las elecciones municipales si tengo pensado acudir, aunque tengo mis reservas. La razón es fácil, estoy bajo el gobierno del tristemente famoso Javier León de la Riva. Sus recientes andanzas y los 16 años que lleva en el poder sus razones suficientes para acercarme hasta las urnas. Mas mis dudas proceden del partido opositor. Con lo desastroso que está siendo su gobierno, me pregunto si serán capaces de hacer las cosas bien a nivel local. Además, uno tiene la impresión de que su voto no servirá, pues mucha gente desconoce la alternativa al actual alcalde, lo que unido al ya citado mal gobierno y a la tendencia conservadora de la mayoría de mis conciudadanos invita más bien al pesimismo. La misma situación puede aplicarse sin muchos problemas al gobierno autonómico de Castilla y León.

Así pues, ante este panorama yermo y desolador, pocas o ninguna razón encuentra uno para la esperanza, para cumplir con un deber cívico del que otros muchos carecen, una oportunidad por la que muchos lucharon cuando no era posible. Los actuales políticos, a todos los niveles, provocan en mí una inmensa desidia, una falta de motivación tal, que no soy capaz de decidir a quién entregar mi voto cuando llegue el momento. Si queda algún político honrado, que quedará, no lo conozco o no podré votarlo. Durante los casi 35 años que llevamos de democracia moderna, los que han pasado por el poder se han dedicado a convertir las cuestiones de gobierno en un circo de cerdos, que diría Bob Dylan. El parecido de una declaración de uno de nuestros representantes con la de un famoso de medio pelo que pululan en la infumable prensa del corazón es tal que uno no puede más que mostrar repulsa. No es de extrañar el resultado de aquella encuesta (mal hecha) que llevó a cabo Telecinco y en la que convertía a Belén Esteban en la teórica tercera fuerza electoral. Refleja bien dos cosas: el hastío que nos provocan nuestros políticos y la falta de criterio de los electores al avenirse a dar apoyo a semejante esperpento (tal es la insistencia que tenemos, y admito mi parte de culpa, en darle pábulo a esta mujer me hace pensar que los españoles padecemos de una neurosis, o tal vez una psicosis, no estoy seguro).

 

Terminaba usted el artículo citando a Faulkner: Entre la pena y la nada, elijo la pena. Uno que es de natural pesimista, en cambio escogería la nada, esa nada a la que aludía Hemingway, en español, en A clean, well lighted place. Estoy en el punto de abrazar aquella máxima del punk, el No future, pues soy incapaz de ver algo bueno en las promesas de los que nos gobiernan o aspiran a hacerlo. Sé que usted ni es un mago ni un genio de la lámpara, que no tiene soluciones escondidas debajo de la manga, pero quizá pueda dar con una idea que, al menos estimule mi apatía política. Porque a día de hoy, siento más ganas de ser un irresponsable político y dejar la elección en manos de otros que hacer que se oiga mi voz, aunque sea un poco. Quizá lo que ocurra es que piense que tenemos lo que nos merecemos y no otra cosa, y que nos está bien empleado. Que en el fondo me da igual lo que nos pase, porque tengo el deseo de abandonar una tierra que ahora mismo encuentro ingrata, y que se apañe el resto como pueda. Pero mientras siga aquí, tengo una responsabilidad. Solo que con los cantamañanas, patanes ineptos y corruptos que pueblan la política, no puedo, moralmente, cumplir con dicha obligación.

 

Sin otro particular, y esperando que todo le vaya bien, se despide de usted.

 

Miguel Cornejo.