Tropa de Elite 2

9 02 2011

 

[Darle a CC para los subtítulos]

A propósito del film brasileño “Tropa de Elite 2”

Desde hace unos años Brasil se ha posicionado en el concierto económico como un país emergente cuyas cifras de crecimiento superan la media de países como Chile o España. Aún cuando las cifras económicas se han traducido en mayores oportunidades para las personas con menos recursos [recordar que una de las primeras propuestas del primer gobierno de Lula da Silva fue el que todos los brasileños tuvieran al menos una comida al día], tienen mucho que recorrer para conseguir un país más justo y más igualitario para todos los brasileños, lo que se aprestan a celebrar esta década que comienza, los dos eventos deportivos más grandes del planeta: la Copa del Mundo y las Olimpíadas.

En este contexto, un plano que va desde lo económico a lo social es que el orden seguritario aparece como fundamental. La emergencia e inminencia de los eventos deportivos más importantes del mundo plantean la necesidad de mostrar un país de “Orden y Progreso” (como reza la bandera brasileña).

La película.

La primera entrega de Tropa de Elite se posicionaba en contextualizar el surgimiento de una policía militar urbana. La ciudad como campo de batalla en la que el delito y la corrupción se enfrenta al orden social, el cual apela a un cuerpo de policía entrenado para ser incorrompible. En este contexto, la escena y las alianzas entre la policía paulista y los antisociales se muestran fuertes y permiten en cierto sentido una paz fundada en intercambios en los que se benefician tanto los que agreden como los que deben proteger a la sociedad, mientras que los únicos que pierden son los ciudadanos, en la medida en que estos últimos son vulnerables a estos dos “bandos”.

Tropa de Elite 2 se acerca sutilmente a un entramado por el cual el delito ya no está auspiciado por los “antisociales” sino por políticos que utilizan las fuerzas policiales paulistas para enriquecerse y controlar el tráfico y los pequeños negocios en las zonas en las que actúan regularmente los grupos antisociales…

Quisiera detenerme en una palabra que se repite durante la más de hora cuarenta minutos que dura la película: “guerra”. ¿Cómo entender lo social a partir de la noción de “guerra”, toda vez que existe además eso que llamamos como “democracia”? En este punto quizás haya que someter a una crítica los soportes por los que la democracia se afirma a sí misma como “gobierno del pueblo” (demos-cratia), un pueblo dividido en estratos y sustratos por los que las posiciones que cada ciudadano no vale lo mismo en orden a sus propiedades y lo que ésto se deriva en la sociedad… Y por las que algunos ni siquiera obtienen la “dignidad” y el estatus de “ciudadano” [no sólo los extranjeros indocumentados, sino también los ciudadanos marginados que ocupan los estratos sociales más vulnerables de la sociedad¨]. Si como sugiere Foucault, nuestra sociedad está lejos de ser democrática, o en palabras de él: “Nunca se me ocurriría llamar democrática a nuestra sociedad. Si por democracia entendemos el ejercicio efectivo del poder por parte de un pueblo que no está dividido ni ordenado jerárquicamente en clases, es claro que estamos muy lejos de… una democracia”. (Foucault)

Ahora bien, si esta división que constituye a la sociedad es precisamente lo que la enfrenta en un conflicto sin solución, ¿Cómo entender aquello que queda fuera como “resto” como “margen” [marginales y marginados]? El modo de gobierno neoliberal opera según modulaciones por las que las crisis son atendidas en la medida en que aparecen como problemas. En este sentido, más que a la cura, todo tiende al control social como “gestión” del excedente a partir del encierro y ya no como otrora, como encauzamiento del “delincuente” en la medida en que éste es considerado un agente que se ha descarriado y por el que la sociedad ofrece una única vía: la integración mediada por la resocialización.

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