Eslovaquia – Primera Parte

9 12 2010

Situado en Europa Central y con una población de un poco más de 5 millones de habitantes, Eslovaquia es un país relativamente nuevo… La verdad, en mi experiencia tras recorrer y convivir durante una semana con una familia eslovaca, mis impresiones respecto del presente de este país tiene mucha relación con el pasado y con la constitución de eslovaquia como nación.

Como sugiere Nietzsche, “la historia se escribe a navajazos”, “toda lucha en la historia es una lucha por la historia”. Los saqueos, las rapiñas y toda forma de vilezas son la “pre-historia” de aquello que la historia cuenta. No sólo los museos y las bibliotecas son rastros por los que la historia se anuncia, son también muestras y antesalas de lo que los textos y los documentos escritos “enuncian”. El poder de los que gobiernan produce un saber por el cual los gobernados reproducen la legitimidad del poder de los que dominan, debido a que toda relación de poder es una relación de saber.

Como sabemos, un lugar es un espacio habitado, y todo espacio habitado es un territorio simbolizado. El espacio habitado no es indisociable de la historia que le traza y le constituye. Habitar es un modo de estar, y por tanto un modo de ser.

Hago este paréntesis para intentar darle soporte teórico a lo que pienso es la Eslovaquia que he conocido. No sé si seré fiel a la realidad, tampoco pretendo serlo, pues me parece que un país es una serie discontinua y heterogénea dificil de aprehender y dificil de reducir, y por mucho que la recorriera e intentara abrazar una especie de “totalidad”, hay algo que en nombre de la justicia jamás debe pasarse por alto, la imposible irreductibilidad de la singularidad de mi experiencia, de las personas y lugares que he recorrido.

El territorio habitado

La primera impresión no siempre es la que vale… no sé si esto cuenta para lo fueron los dos primeros días en Bratislava… Y es que el problema de lo que se ve no es tanto de “lo visto” como del “ojo que mira”. Llegué el día 17 de noviembre, día en que se conmemoraba el inicio de la Revolución de terciopelo (*), la noche cayó temprano (fue mi primera sorpresa, pues jamás había visto anochecer a las 4:30 de la tarde) y con la oscuridad también el frío.

Cruzando por el centro de Bratislava llegamos a algo así como el centro cívico y la plaza mayor. En esta plaza además de una serie de edificios asociados a cuestiones culturales (teatro, biblioteca, etc), había un escenario en el que además de una serie de personas ilustres, había también espacio para la reproducción de videos y de música asociada al acontecimiento que se conmemoraba… La cercanía de la fecha y las consecuencias de los acontecimientos son en cierto sentido un medidor por el cual la conmemoración es un ejercicio de memoria y ya no una repetición compulsiva de un pasado que ya dejó de suceder.  Y aunque a mis ojos no fue un momento efusivo, parecía ser bastante emotivo, y es que el sentir es una cosa que no siempre se expresa de la misma manera. El estar ahí, el evocar los acontecimientos es quizás el mayor gesto de una memoria activa. De hecho, las banderas, las canciones y todo lo que rodeaba la escena hacía vívido el sentimiento de pertenencia de aquella memoria que convocaba.

En efecto, para un país tan recierte y constantemente asociado a otro país (República Checa) e históricamente dominado por otro (Hungría), el sentido y valor de la historia reciente marca un punto en el que la historia está siento reescrita por aquellos a que habían sido largamente silenciados. Para mí, esto es quizás el mejor recuerdo que me llevo, el de personas abiertas a contarse e inscribirse en la historia, deseosas de decir quienes son y de donde son. No un sentido identitario nacional, sino más bien, un compromiso cultural con aquello que les compromete con aquel espacio en el que han nacido y vivido.
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* En 1989, el tiempo de cambios en Europa, la gente de Checoslovaquia sabia sobre la caída del socialismo Soviético y las caídas de regímenes en países cercanos a través de la radio (Radio Free Europe). El 17 de noviembre en Praga la policía atacó a miles de estudiantes que protestaban contra el régimen comunista. Este suceso provocó el inicio de las manifestaciones. Se creó el Foro Cívico dirigido por el dramaturgo Vaclav Havel, y dentro del Partido Comunista Checoslovaco se evidenciaban luchas de poder entre sectores inmovilistas como Gustav Husak y reformistas como Ladislav Adamec, como consecuencia se crea un clima tenso.

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