Las ansias de viajar

5 11 2010

No es nada nuevo el decir que la tele nos manipula. Creo que es un tema harto sabido y del que difícilmente podemos escapar (yo lo intento viéndola cada vez menos). Pero últimamente se está dando un curioso modo de manipulación de los deseos de la gente que merece la pena ser comentado. Aunque en honor a la verdad, el tema me lo ha prestado mi ex vecino de columna srperez (al que echo terriblemente de menos semana tras semana), ante mi petición de socorro por estar en blanco.

Últimamente abundan en la parrilla televisiva los programas de viajes. Cada cadena tiene el suyo propio, pero no fallan: desde Callejeros Viajeros a Españoles por el mundo pasando por uno que técnicamente no es de viajes pero se ha vuelto habitual en verano: Arena Mix, en busca de las mejores playas de España y el extranjero. Lo raro es que no se haya repuesto, a modo de homenaje al recientemente fallecido José Antonio Labordeta, Un país en la Mochila, aunque me dice mi fuente que hay uno similar con uno de los protagonistas de Cuéntame en lugar del malogrado cantautor y político aragonés. Pero la cosa es la misma: lo que importa es tener un programa en el que viajar sea el principal tema del mismo, con el fin de poner los dientes largos al telespectador.

Raro que no lo repongan, ¿verdad?

Viajar es una placentera actividad para muchos, pero no siempre al alcance de todos. Ya sea una escapada de un día como una semana o más un viaje permite la escapada de la rutina diaria, el descanso del cerebro y el cuerpo, y por qué no, el mandarlo todo al carajo mientras estás fuera: ni jefe, ni compañeros, ni políticos ni tocapelotas varios. Al menos, en un viaje ideal. Además, no faltan las alternativas: playa, montaña, turismo de interior, casas rurales, rutas culturales, lugares con fiesta a saco, o gracias a las aerolíneas de bajo coste, marchar al extranjero es cada vez más fácil. Si sale bien, un viaje es toda una experiencia placentera, como el que hice a tierras belgas el año pasado. De los malos viajes, mejor no hablar, que más o menos todos sabemos cómo son y la putada que representan.

Pero en estos tiempos puñeteros de crisis, paro y apretarse el cinturón, eso de viajar está difícil para muchos. Sin ir más lejos, mientras redacto estas líneas no dejo de lamentar que, por falta de efectivo, me haya perdido a Primordial y a Forgotten Tomb en Madrid, cuando llevaba meses con ganas de ver a estos últimos sobre todo. Y a pesar de que muchos hayan sido los que este puente de Todos los Santos (a juzgar por los atascos que había en determinadas autopistas) los que hayan podido disfrutar del placer de un viaje (siempre y cuando se lo haya permitido la climatología), muchos más se habrán quedado en casa a verlas venir, deseando poder escapar de la demoledora rutina durante un afortunado (y siempre breve) periodo de tiempo. Y mientras, la caja tonta pasando una y otra vez los citados programas mientras maldecimos nuestra estampa.

Y es que medios como la tele o el cine se han aprovechado de las ansias de la gente para endilgarnos productos que respondan a dicho sentimiento: ¿hay ganas de viajar, aunque no se pueda? Tomad programas de viajes. Ved qué tal le va a gente que decidió salir de su país en busca de su felicidad. Londres, New York, Buenos Aires, París, hasta Groenlandia puede ser un lugar donde encontrar un lugar propio en el mundo. Recorre las maravillas de España, en busca de sus pueblos, sus tradiciones o su cultura. El caso es que pique el gusanillo de salir de viaje para olvidarse de todo, y cuando llega la hora de abrir la cartera o de mirar la cuenta corriente no haya suficiente para la deseada escapada que nos hará, con suerte, felices unos días.

¿Y qué decir del cine? ¿Quién no se ha sentido alguna vez con ganas de ser el bueno de la película, el que gana y se casa con la chica de sus sueños? ¿O quién no se ha sentido atraído por el malo de turno, sofisticado, maquiavélico y dispuesto a todo? Creo que quien mejor expresó este sentimiento fue Bill Hicks, el malogrado monologuista yanki, en la frase de entrada a su espectáculo Revelations, citado por Garth Ennis en Predicador:

Así vimos la frase de Hicks en Predicador

Me dijeron que cuando creciera podría ser lo que yo quisiera: bombero, policía, médico- incluso parecía ser que Presidente. Y por primera vez en la historia de la humanidad, algo nuevo llamado astronauta. Pero como muchos niños que habíamos crecido con una dieta constante de Westerns, siempre quise ser el vaquero héroe y vengador, esa voz solitaria en las tierras salvajes, luchando contra la corrupción y el mal allá donde lo encontrara, y representando la libertad, la verdad y la justicia. Y en el fondo de mi corazón sigo los restos de ese sueño adonde quiera que vaya, en mi cabalgada sin fin hacia el sol poniente.


Pero más allá de la manipulación de los medios, el ansia del viaje es algo que no muere: desde la Odisea a los programas actuales, pasando por Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver o En el Camino, las ganas de desplazarse a otro lugar en busca de un objetivo personal (no siempre intransferible) sigue en nuestra sangre desde tiempo inmemorial. Lo que jode de todo es que te lo metan por los ojos y no tengas los medios para hacerlo. Pero esto, por desgracia, ni es lo único, ni dejará de suceder.

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