Apuntándose al carro

13 09 2010

Una de mis principales aficiones es leer, y de ella se derivan otras actividades, como son la búsqueda de material de lectura y el comentar lo leído y recomendarlo si es menester. De ello se puede comprender que me encante echar un vistazo a las librerías de vez en cuando, en pos de un nuevo libro con el que deleitarme o instruirme, o las dos cosas (lo ideal según Horacio). Y uno que se fija en lo que le gusta (y en lo que no) no ha podido darse cuenta de ciertas modas a las que se apuntan algunos autores.

Todos nos damos cuenta de que cuando se pone de moda un género salen imitadores como setas. Ya lo decía un redactor de la vieja revista Hell Awaits en la crítica de un disco: No sé qué es lo que pasa en Brasil, pero pegas una patada a una piedra y salen 32 Ronaldinhos y 46 Krisiuns. Y es aplicable a todo. En el campo de la literatura los ejemplos son claros: El Señor de los Anillos, Crepúsculo o El Código da Vinci marcaron el camino a seguir (para mal en los dos últimos casos), y en la no ficción los libros de política (izquierdas y derechas atizándose mutuamente) conspiraciones y conspiranoias (híbrido de conspiración + paranoia) o los libros de salud triunfan. Mención aparte para nuestra Guerra Civil, un clásico tanto en ficción como en ensayo. Pero me gustaría señalar un par de modas que quizá no sean tan evidentes al público en general.

He de admitir que no soy muy aficionado al género de la novela histórica, sobre todo la post- Dan Brown, aunque admito que El Nombre de la Rosa es un novelón. Es por ello que quizá sea demasiado crítico  con el género y sus autores. Pero en mis paseos por las librerías he visto una tendencia, no muy marcada eso sí, a sacar libros centrados en personajes de poca relevancia en su momento pero que se ven envueltos en grandes tramas. Así, nos encontramos con títulos como El sanador de Caballos, La diamantista de la emperatriz, o el reciente descubrimiento de Ana Bolena y la pastelera real. (Por cierto, de este me encanta la traducción del título original: The Queen of Subtleties, La Reina de la sutileza, o de la delicadeza, que también admite esa traducción) Uno que tiene un poco de mala leche se pregunta cuando sacarán El palafrenero de la Duquesa Steffansson de Estocolmo o El ayudante del herrero del 34º voivoda de la Baja Silesia. Puestos a rizar el rizo, lleguemos al más alto nivel del absurdo.

Ricemos el rizo a la historia

El otro es un fenómeno que en principio es más de mi agrado. Aunque no empezó con ese libro, parte de la culpa proviene de Platón y un ornitorrinco entran en un bar de Cathcart y Klein, el cual me hizo interesarme por los diversos aspectos de la filosofía (En mi lista de pendientes anda su última entrega, Heidegger y un Hipopótamo van al cielo). De ahí que un día me fijase en un libro llamado Los Simpson y la Filosofía, en el que se explicaban conceptos de distintos autores filosóficos a través de la icónica serie de animación. El libro pasó a mi eterna lista de pendientes de leer, y ahí sigue. Al poco descubrí otra novedad atrayente: Los Soprano y la filosofía. Me hizo gracia, pues  no me imagino qué conceptos de la Antigua Grecia o del existencialismo de mediados del XX se pueden explicar a través de los actos de Tony Soprano y cía. Pero la cosa perdió su gracia con The Wire y la filosofía (no digo que la serie esté mal, está en mi consabida lista) y la gota que colmó el vaso fue El Señor de los Anillos y la filosofía. No, si ahora alguien le sacará interpretaciones del pensamiento Kantiano a La abeja Maya, y Kierkegaard fue fuente de inspiración de Harry Potter. Y mira que me gusta el concepto subyacente en esta corriente, pero están a un paso de mandar a la porra el encanto inicial del asunto.

Tiene buena pinta, ¿verdad?

En este instante hay que formular la pregunta del millón: ¿Cuántos de los escritores que se suman a la corriente de moda lo hacen por convicción propia y cuántos sólo para sacar pasta? Otra variante de la misma sería ¿siempre es malo que se ponga de moda un determinado género? En cuanto a la primera, es difícil de decir. Si eres un novelista que debuta con un libro encuadrado en el género de moda, te será difícil demostrar que ya escribías y eras fanático del estilo. Ahora bien, alguien no demasiado conocido pero con más libros a sus espaldas en la misma línea puede beneficiarse, ya que ahora está de moda el tipo de novelas que escribe, con más posibles lectores y compradores. Los que se apuntan al carro quizá sean más difíciles de detectar, pero siempre los hay y por desgracia parece que siempre los habrá.

Respondiendo a la segunda cuestión, la respuesta es no. Cierto que muchas mediocridades se han vendido como churros gracias a que estaban de moda (El Código Da Vinci, Crepúsculo, los primeros libros de la saga de Harry Potter entran como mediocridades pero no “estaban de moda”, sino que la crearon), pero también ha supuesto que se retomen clásicos del género (Carmilla de Le Fanu o El Vampiro de Polidori se vuelven a editar), ha dado posibilidades de éxito a gente con trayectoria pero sin fama dar un paso adelante en sus carreras y también da pie a que debutantes en la publicación de novelas se den a conocer. También origina lo que se conoce como maravillas de un éxito (one-hit wonders en inglés) como Elizabeth Kostova (ha publicado  una segunda novela que ha pasado desapercibida tras las ventas millonarias de La Historiadora)

Pero siempre hay un montón de oportunistas y aprovechados que se apuntan al carro y se dedican a vivir del cuento vendiendo novelas de dudoso nivel aprovechando que una temática está de moda. Así que hay que tener cuidado con lo que se lee. Pero claro, los criterios siempre son subjetivos y lo que a mí me puede parecer mediocre a otro le fascinará. Pero es lo que hay. De todos modos, jetas y aprovechados los hay (y habrá) en todas partes. Y de esos mejor huir como la peste.

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2 responses

18 09 2010
Álvaro Rojas

Tremendo articulo. Enhorabuena, me ha gustado mucho leerlo. El fin de semana pasado anduve por Madrid, y como es evidente, entre en Casa del Libro (me encanta ir ahí siempre que puedo) y en el apartado de libros de filosofía, encontre el de Los Simpsons. Me pareció muy curioso, aunque no creo que lo lea nunca.

Pero tienes toda la razón, y por supuesto, es por la pasta. Hay escritores que son unos auténticos mercenarios. Fíjate en el boom de Crepúsculo. La de escritores que se han metido de lleno a crear obras para adolescentes sobre vampiros es enorme. Y lo más curioso de todo esto, es que hasta copian la forma que tienen las portadas de la saga Crepúsculo y lo mismo pasa con el nombre. Hace ya un tiempo, vi una novela vampírica, cuya portada era negra y en ella aparecía un petalo de rosa sangrando y el titulo era solamente una palabra (no al recuerdo, lo siento). Pero vámos, que era una puta imitación a la portada de Luna Nueva.

Y para qué hablar de el boom de La Sábana Santa, Da Vinci, el Priorato de Sión, Los Illuminatti, Los Templarios y su puletera madre.

Esto ha sido y será siempre así. Es como en la tele. España siempre copia todo los programas que se hacen famosos en EEUU.

Desde aquí te digo, que Hell Kitchen (MUY buen programa) tendrá su versión española en breve, si no, al tiempo.

Un abrazo.

Álvaro R.

24 09 2010
Burlando a la Parca « The Zone España

[…] semana pasada mencionaba en mi artículo gemelo del TZF que un escritor novel puede aprovecharse de una corriente de moda para destacar en el mundo […]

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