El poder de la gran pantalla

16 08 2010

Ayer volví a recordar que cada vez odio más ir al cine. Una actividad que suele ser bastante placentera si se dan las circunstancias adecuadas se puede convertir en una pesadilla, bien porque la película sea mala, o bien porque el resto de asistentes se empeñen en dejarte ver el film en paz. Sin embargo, es algo que no dejo (dejamos) de hacer a pesar de los inconvenientes cada vez mayores, lo que me lleva a la reflexión de esta semana.

Uno de los principales inconvenientes del cine es que cada vez es más caro, y la calidad de las películas muchas veces dudosa. Además están reduciendo las posibilidades de los descuentos, que siempre era un aliciente apara ir más a menudo si la cartelera lo permitía. Pero lo que más incordia es la gente. No os aburriré con todas las anécdotas desagradables que me han sucedido en el cine, pero sí con un par de mis favoritas. Una de ayer, viendo Los Mercenarios (grande, a pesar de la ausencia de guión, pero ofrece lo que esperaba: hostias, tiros y explosiones a cascoporro), en una escena aparece un machete bastante grande. Pues bien, uno de los chavales que estaba detrás de mí gritó para toda la sala: “¿Qué? ¿Eso qué es?” Me dieron ganas de volverme y decir: “un machete, ¿no lo ves?” En serio que no sé si la gente es así de verdad o se lo hace. La otra ocasión también es muy recordada: dos días después del estreno, me volví a ver Las Dos Torres con unos amigos. En una escena antes del asedio del Abismo de Helm, Gimli (hijo de Glóin) se pone una cota de malla que le queda enorme. Teníamos una pareja al lado y se le oyó a él decirle a ella: “Es una cota de malla”. A punto estuve de replicar: “no, es un Boeing 747”.

La peli mola, pero vaya lata que me dieron viéndola

En estas ocasiones me pregunto qué demonios vemos en el cine para seguir yendo. Niños que gritan, no tan niños que también gritan, comentarios al oído que se oyen en toda la sala o mi favorito, gente que con toda la sala disponible se tiene que poner prácticamente a tu lado (una variante de la Ley del barco fondeado que contaba Reverte un día), anuncios publicitarios pre-tráilers, como si no tuviéramos bastante con todos los que nos zampamos cuando encendemos la caja tonta, u otro clásico: un cine de dos salas, un único tráiler antes de la peli… que resultó ser el de la película de la sala de al lado (no me digáis que no tiene guasa). Además, con el nuevo invento del 3D nos van a sablear que da gusto (de momento no he ido a ninguna por cuestiones de mis defectos de vista, pero ya van un par de euritos por encima de la entrada normal, en el mejor de los casos), y como se imponga para todas las películas, a apoquinar toca.

Hay que añadir también que el nivel de las películas actuales deja mucho que desear. Es posible que se tenga mitificado el cine clásico como estándar de calidad, ya que en aquella época también se hacían películas de “usar y tirar” (por llamarlas de alguna manera) y que el tiempo ha hecho de filtro y dejado en la memoria colectiva las grandes películas, pero sigo pensando que la mayoría del cine actual no resiste la comparación con el viejo Hollywood. Los actores y actrices no son mejores, los guiones no cuentan nada nuevo u original y abundan los remakes y las pesadísimas sagas. No es un tópico decir que son mejores las series de televisión que el cine en estos tiempos, es realidad. Alguna excepción hay. Y aún así ha de pasar más tiempo para que se pueda juzgar con propiedad el cine actual. Pero como nos cuenta el propio Coppola, ningún estudio daría a un director semidesconocido el presupuesto que él tuvo para El Padrino, y ningún director rodaría films tan apasionantes y violentos como los de Sam Peckinpah, por poner un par de ejemplos.

Pero cuando las circunstancias son propicias, normalmente el cine es una delicia. Tranquilidad en la sala, una pantalla grande, sonido envolvente y una película mágica que te hace olvidar durante un buen rato los problemas y asuntos del mundo exterior. Y si la cosa es buena, hasta repites, como hice yo con la trilogía del Anillo, Sin City o Gran Torino (y como mi novia quiere ver Los Mercenarios cuando vuelva, iré otra vez). ¿Y qué decir de las pelis clásicas en pantalla grande? Todavía me emociono recordando a Eastwood, Van Cleef, Volonté y Wallach partiéndolo en La Muerte Tenía un Precio y El Bueno, el Feo, el Malo respectivamente. O cómo lo borda aún más Henry Fonda en Doce  Hombres sin piedad, o el impasible rostro de Marlene Dietrich en Testigo de Cargo. En esos momentos es cuando uno recuerda por qué ama el séptimo arte.

Papelón de Fonda en "Doce hombres sin Piedad"

Así que ya lo veis. A pesar de los inconvenientes y lo mucho que me cabrean (mi novia está demasiado acostumbrada a oírme gruñir y murmurar antes de una peli) sigo sin poder dejar de ir de vez en cuando al cine. Y es que una buena peli en pantalla grande no tiene precio.

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7 responses

16 08 2010
Mel

A mi me encanta el cine pero cada vez pienso ir menos porque los precios son cada vez más altos, empiezan a ser abusivos y la calidad ni ha mejorado en los últimos años ni lo va a hacer en el futuro, porque hoy en día lo que se estila en el mundo empresarial es reducir costes al máximo, reducir la calidad cada vez más y subir los precios cada dos por tres. Asíque para pagar 8 euros por una peli en el cine que no se si me va a gustar prefiero comprarla por 12 un par de meses después de que salga en dvd. Es más o menos igual de caro y tengo la ventaja de que puedo verla muchas veces, pararla cuando quiera y verla en otros idiomas.

16 08 2010
mikemarlowe

Buenas:

Lo de los otros idiomas hace, sobre todo en una city en la que no hay películas en V.O.S

16 08 2010
Isaac "The Mime"

Estoy bastante de acuerdo con lo que dices. Yo recuerdo ir al cine por 350 ptas cuando tenia 15-16 años, una tercera parte de lo que vale ahora. Ahora solo voy a las películas que me llamen muuucho la atención (es decir 1 vez al més como mucho), para las demás tiro de internet, supongo que como la gran mayoria, así que quizá por eso se deba el aumento de precio, a pesar de ello, me sigue pareciendo abusivo.

En cuanto a los típicos “payasos” en los cines que no hacen más que dar por saco, se nota que cada vez hay más, pero es normal, también ha aumentado fuera del cine.

Un saludo!

17 08 2010
Full Norbert

Pues el año pasado ha aumentado el número de espectadores por las grandes producciones y con ello la recaudación. Yo voy al cine muy de cuando en cuando, ni siquiera fui a ver la de Scorsese (que tiene delito). No merece la pena ir casi siempre con lo caro que es, prefiero tomarme un cubata.

En cuanto a los chapas, en fin, es raro que no hayas mencionado cuando fuimos a ver Un Tipo Serio con la tosta que dio la vieja aquella. Cuatro en la sala y una hablando de mil chorradas dando la chapa al pobre marido, hasta que me levanté, claro.

17 08 2010
mikemarlowe

Buenas:

Ni la que me dieron en San Benito viendo Dolls, pero ya dije, no es cuestión de aburrir al personal.

18 08 2010
lovemetender

Bueno, es en según que cines… En los de barrio hay que soportar las dichosas bolsas de chuches que parece que las hagan con el material más ruidoso posible, el infernal o gélido ambiente que suele haber según haya gente o no, en invierno vete en tirantes y en verano llévate la manta, además de que siempre se te tiene que sentar cerca el imbécil de turno. En fin, que ver una película se convierte en un martirio y encima pagando esas cantidades… Que no, con la de veces que me han amargado una peli a esos voy lo justo.

Cuan diferente es ir al Mèlies de Barcelona, no se oye ni una mosca, la gente es como si desapareciese al empezar la película. Solo cuando dan las luces te das cuenta deque estás en el cine. Una maravilla. Lástima que me pille tan lejos.

20 08 2010
Álvaro Rojas

El cine es mi segundo hobby favorito. Voy muchísimo al cine, todos los fines de semana, aunque tengo que reconocer que el pasado finde no fui por motivos personales. Fijaos si voy tanto al cine, de vez en cuándo el gerente cuando me ve, me invita. Y es que desde hace muchos años, siempre voy solo. Recuerdo cuando el gerente se me acercó hace ya varios años por primera vez y me dijo: “Oye, perdona, es que me he fijado en tí (en ese momento se me puso cara de WTF!) y es que he visto que vienes mucho, y siempre solo, esperame aquí un momento” (otra vez con cara de WTF!) Y cuando volvió, me dio una entrada especial (con su número de fila y butaca claro está). Eso lo ha hecho varias veces y la verdad, es de agradecer.

Bueno esta anecdota la he contado para que veais que amo el cine y si un fin de semana no voy al cine…no es un fin de semana. Así que os podéis imaginar la cantidad de historias que os puedo contar. Hace ya algunos alos, cuando fui a ver la segunda entrega de La Maldición, la sala estaba repleta de canis, niñatos, pokeros, como los llaméis. Fijaos como la liaron, que uno de ellos, tiró una lata de refresco a la pantalla. Evidentemente, lo hizo sin percatarse de que los acomodadores (avisados ya con antelación de que estaban liandola en la sala) lo vieron y lo acabaron expulsando del cine.

Los ejemplos que ha puesto el creador de este articulo los veo demasiado “lights”. Son simples comentarios que se hacen las parejitas o los colegas por lo bajini. A mí lo que más coraje me de, son las parejitas, que HABLAN entre sí, y no por lo bajini, mientras ven la película.

Y lo que más me irrita, es que la peña empiece a entrar en la sala cuando la peli ya ha empezado y se ponga ahí a buscar las filas y las butacas poniendose en mitad de la pantalla.

Cuando fui a ver Pesadilla en Elm Street, tuve que resoplar cuando una chica se puso en medio y no sabía si sus butacas (la de ella y la de su novio) estaban a la derecha o a la izquierda, y todo esto estando justo en frente de mis narices. La chica al orime, dijo: “Tanquilo hijo, no soples que ya me quito”. Anda y que le den…PUNTUALIDAD coño.

Yo siempre entro en el cine media hora antes de la peli. O a veces un poco antes o un poco menos, depende. Pero siempre entro en la sala cuando está encendida y sin trailers.

En fin…La gente, que es muy cateta.

Álvaro R:

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