Conformistas con causa

9 08 2010

Al hilo de lo que hablaba la semana pasada sobre la prohibición de los toros en Catalunya, hay una serie de reflexiones que me dejé en el tintero, ya que harían demasiado largo el artículo, pero eran lo suficientemente jugosas para aprovecharlas en una ocasión posterior. Antes de que el tema quede demasiado lejano, y antes de que se me olvide la conversación que sirve de motor a estas líneas, esta semana toca volver sobre el asunto que ocupó la Torre anterior. Y dado que las conclusiones a las que llegamos invitan a ello, subvierto el título del legendario largometraje de James Dean, Natalie Wood y Nicholas Ray dirigiendo el cotarro.

Si James levantara la cabeza...

No recuerdo si fue el mismo día de la prohibición, por la noche, o al siguiente cuando tuvo lugar la charla. Para quienes no lo sepan, hay un canal de ManagerZone en el IRC hispano donde nos juntamos unos cuantos de vez en cuando para compartir todo tipo de impresiones. Ese día coincidí con un veterano del juego (se dice el pecado, pero no el pecador, aunque tengo su beneplácito para usar lo que hablamos ese día en este texto) y surgió el tema candente del momento, más específicamente sobre la actitud que revelaban las palabras de algunos foreros. Y la verdad es que no dejan buena imagen de algunos de los jóvenes de hoy.

Lo primero que comentaba mi partenaire conversacional fue que lo fácil que es identificar a aquellos que les han comido el tarro. Es de manual, pues repiten como loros el discurso oficial que les han enseñado y no salen de la argumentación principal, aunque les repliquen con otros argumentos: ignorarán los mismos y seguirán en sus trece, reiterando lo ya expuesto. Se comentó la falta de juicio crítico de los susodichos y yo apunté en una dirección: es lógico que la gente no lo tenga cuando la educación que se da en España no invita a la reflexión, la divergencia, el debate moderado y razonable y el respetuoso intercambio de ideas. Se te dan unos conocimientos, se te exigen para pasar un examen y fuera. Si luego te olvidas, mala suerte. Y de relacionar conocimientos interdisciplinares nada de nada, como me contó un colega recién licenciado en Historia que preguntó en un examen de segundo de bachillerato (les daba las prácticas del CAP) sobre la Guerra de Independencia: pidió a los chicos que le hablaran de los Caprichos de Goya, con un resultado nefasto. Si a eso le sumamos la propia indolencia adolescente, los infumables, verborreicos, absurdos y delirantes discursos de nuestros políticos, y los ejemplos de “debates” (por usar un eufemismo que se acerque vagamente a la realidad) que vemos en la tele, la fórmula del cóctel está completa. Qué juicio crítico cabe esperar en estas condiciones, resumía yo. Y no quedó otra que asumir la triste realidad.

El otro punto que tratamos, y que da pie al título del artículo, es que la gente joven no se rebela. Mi compañero opinaba que esta medida supone una imposición de unos (los antitaurinos) sobre otros (los pro-toros), y que a él no le gusta que le impongan. Por el contrario, a la gente más joven no parece importarle e incluso lo aplaude. Él se preguntaba dónde diantres quedó el espíritu de rebelión de la juventud. Dónde las voces discordantes. Dónde la repuesta a unos políticos que gobiernan a base de prohibiciones, como en los viejos tiempos no democráticos. ¿Por qué la gente joven no se revuelve contra el poder?, preguntaba él. Respuesta fácil, respondía yo. Lo tenemos todo, ¿para qué cambiar? Vivimos en casa de nuestros padres, por lo que no pagamos hipoteca o renta, hay techo asegurado y un plato en la mesa. Tenemos los caprichos que queremos. Nos compran la Playstation para jugar, nos pagan conexión a Internet para chorraditas varias y recibimos dinero en forma de paga para salir de fiesta o botellón con los amigos. ¿Para qué modificar un statu quo tan cómodo? Además, ya tenemos al idiota de la Torre de Marfil que nos dice de vez en cuando que la cosa está muy jodida y que poca esperanza hay de cambiar el tema. Mucha crítica de cara a la galería y no es más que otro muñeco del sistema. En suma, lo tenemos todo para ser unos conformistas con causa.

Se ha perdido el espíritu de protesta que muestra la imagen

Lo admito sin problema: antes era más contestatario y radical. Antes me hubiera cabreado, indignado y por qué no, soltado algunos eslóganes prefabricados. Pero me he vuelto un cabrón cínico (el calificativo sería un cínico hijo de perra, pero mi madre no tiene la culpa), como ya he contado. Siempre alentando a la conciencia crítica, al pensamiento racional, a la respuesta intelectual, pero nada de acción. Mucha pseudofilosofía barata y poca respuesta efectiva y tangible. El problema es que, según lo veo yo, y creo no ser el único, es que un cambio de verdad, desde la raíz, pasaría por las armas (Curioso, no sé si de forma casual o adrede, es que haya sonado hace un rato en mi reproductor una versión del Breaking the Law, Rompiendo la Ley en castellano, de los Judas Priest, a cargo de los incombustibles Mötörhead)

Y ya he manifestado que no quiero una solución violenta. La otra posibilidad es esperar ingenuamente a que alguien idee un sistema socioeconómico y político que sea una alternativa al neoliberalismo salvaje que nos rodea, como en su día el keynesianismo fue la alternativa del capitalismo de Adam Smith. Y me da que no caerá esa breva.

Así que mientras seamos una juventud acrítica y acomodada, mientras sigamos con los modelos políticos y sociales actuales, los empresarios codiciosos y los sindicatos corruptos, la situación tiene pinta de ser un círculo vicioso, o como dirían los ingleses (traducido literalmente) una situación Trampa 22 (una novela estupenda que dejé a medias, un posible tema para un futuro artículo). No nos vendría mal seguir la consigna de los Rage Against the Machine en su tema Guerrilla Radio: It has to start somewhere/ it has to start sometime/What better place tan here/What better time tan now (Tiene que empezar en algún lado/Tiene que empezar en algún momento/En qué lugar mejor que aquí/En qué momento mejor que ahora). La pregunta es ¿Qué tiene que empezar?

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6 responses

11 08 2010
Álvaro Rojas

Me ha parecido de lo más acertado, el cómo justificas el por qué, los jóvenes de hoy día, no se movilizan como antes. Totalmente de acuerdo. Lo tenemos todo, ¿para qué mover el culo?

Yo nunca voto, porque no hay un sistema político que me ofrezca lo que quiero. Quizás, es que tengo un ideología muy utópica, pero…es que ni PP ni PSOE hacen las cosas como quiero. Pero si PP, ni PSOE, ni IU, ni leches. Ninguno. Y mucho menos, el franquismo ni fascitoides por el estilo.

El fín, el país es así. Llega un momento, en que tienes que resignarte, y preocuparte solamente de tí y de que los tuyos vivan bien y comodamente.

Álvaro R.

11 08 2010
Isaac "The Mime"

Pues muy mal! Sino te gusta ningún partido vota en blanco, pero ejerce tu derecho a votar.

Un saludo!

11 08 2010
Álvaro Rojas

Eso es peor, porque un voto en blanco va dirigido para el que más votos tenga. ¿Y si el que tiene más votos es el PP? No no no no no, a esos ni agua xD

Un abrazo.

Álvaro R:

12 08 2010
Isaac "The Mime"

Te equivocas, es un fallo bastante común.

Un voto en blanco es una manera de protestar y de decir que no te gusta lo que hay, es totalmente independiente y no se suma a ningún partido. De hecho si algún día se aprobase lo que propone Ciudadanos en Blanco (http://es.wikipedia.org/wiki/Ciudadanos_en_Blanco) los políticos se pondrían las pilas.

Un abrazo!

12 08 2010
Full Norbert

Perro ya no es el tema de votar o no. Yo creo que sí hay juventud crítica y sí hay juventud acomodada. ¿Y por qué no se rebelan los primeros? Porque por muchas manifas que hagas no van a servir de absolutamente nada. Los muy idealistas piensan que, a la larga, serán escuchados. Muy bien, pero… ¿se les hará caso? No padre.

Por eso la única solución es la violencia para cambiar las cosas. Y no queremos violencia, gracias.

12 08 2010
lovemetender

Nos falta ponernos en la piel del vecino para unirnos a su causa. Yo, muchas veces protestaría pero para ser cuatro gatos prefiero quedarme en mi casa. Tampoco deben ser los jovenes los abanderados de la protesta, en los tiempos que corren todo el mundo debería salir a la calle, los jubilados, los parados, los estudiantes y ahi nos tienen, maldiciendo a la tele cuando salen los políticos creyendo que así nos van a escuchar.

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