El pulpo Paul, magia y pseudociencia

22 07 2010

En plena efervescencia mundialera surgió una de esas noticias extrañas y divertidas que causan cierto revuelo entre la gente: un pulpo que reside en un acuario alemán predice y acierta los resultados de la selección germana. Para ello, se le colocan dos cajas cerradas con las banderas de los países y comida en su interior. El citado pulpo, llamado Paul, abría una de las cajas y devoraba la comida del interior. Paul acertó todos los partidos de Alemania (excepto el de Serbia) dando por ganadora a la Mannschaft en todos ellos menos en la semifinal contra España, cuando eligió el mejillón que escondía la caja con los colores de la rojigualda, igual que hizo antes de la final.

Paul a punto de darse un festín con lo que haya en la caja de la bandera española

A raíz de esto se ha desatado una especie de culto del citado pulpo, atribuyéndole superpoderes (leer aquí) e incluso pidiendo que se traiga a España (al parecer el pulpo fue pescado en nuestras costas) y se le convierta en el símbolo de la selección, como la cabra de la Legión (voilá). La gente ha quedado entusiasmada por el pulpo, y sí, no deja de ser simpático que este animal tenga esas “dotes predictivas”, pero cuando cuestioné lo fácil que es manipular el experimento, a la gente no le hizo mucha gracia. Hubo una reflexión que me llamó la atención, y a la que pensé contestar, pero me di cuenta de que para hacerlo necesitaría mejor el espacio que me brinda mi artículo semanal. Dicho comentario decía que las predicciones del cefalópodo en cuestión son como la magia, sabemos que hay truco pero preferimos la ilusión óptica. En cierto modo puede ser así, pero yo encuentro esto más parecido a la pseudociencia que a la magia, y eso pretendo  defender con este texto.

Lo primero es lo fácilmente manipulable que es el experimento, y no son razones sesudas ni hace falta ser científico para llegar a ellas. Partamos del funcionamiento del experimento: se colocan en el acuario dos cajas con comida y las banderas de los países que juegan el partido. Paul elige una de ellas, la abre y se come el contenido. Nosotros vemos por la tele la elección del pulpo, pero ¿quién garantiza que no se altere el alimento para que Paul elija una caja antes que la otra? No se nos muestra qué se pone dentro de las cajas. Podría no haber alimento en una de ellas. Podría haber mayor cantidad en una de ellas. Podría haber una caja con un contenido más apetecible para el animal. O ambas cajas podrían tener exactamente el mismo animal, de un tamaño similar pero en distintas condiciones de conservación, inapreciables parta el ojo humano pero que el pulpo puede detectar. Así pues, nosotros veríamos cajas con dos mejillones aparentemente iguales, pero el más fresco es el que escogería el afamado cefalópodo. Como veis, es sencillo conseguir la elección de un país u otro. Que luego la predicción sea acertada depende de los jugadores de ambos equipos, y en parte de los árbitros.  (una última posibilidad: los pulpos tienen unos ojos bastante potentes, según se apunta aquí,  y en inglés aquí. ¿Podría sentirse Paul más atraído por los colores de una bandera que por los de otra? No me atrevo a asegurarlo. A los fans de los pulpos con buen nivel de inglés, les recomiendo esto )

Por otro lado, la capacidad de adivinar entre dos opciones con una probabilidad del 50% y hacerlo varias veces seguidas no es tan impresionante. Hay que tener en cuenta que elegir uno de los dos resultados no condiciona la siguiente repetición del experimento, esto es, que tiene la misma probabilidad de acertar o no en la siguiente elección. Vamos, como lanzar una moneda al aire: que salga cara la primera vez no supone que salga cruz la siguiente, puede salir varias veces seguidas cara, igual que el pulpo puede “acertar” varias veces seguidas. Más espectacular sería que acertase el resultado de lanzar un dado, ya que hay 1/6 de posibilidades de acertar. Aunque tampoco es extraño que salga varias veces el mismo número. La vieja regla del parchís de si sacas tres veces seguidas un 6 te vas a casa se cumple, y no es infrecuente, ya que cumple la condición de no influir en la siguiente repetición del experimento (aunque tiene una probabilidad de no salir de 5/6, un 83,33%)

Sin que sea santo de mi devoción, prefiero a Harry Potter antes que a un pseudocientífico

En lo tocante a la magia y la pseudociencia digamos que en las dos rige un principio similar: hacen creer a la gente algo imposible, pero existe un truco detrás. La diferencia está en que la magia no es dañina para la gente y la pseudociencia sí. Un espectáculo mágico no promete la solución a problemas y enfermedades, sólo diversión y entretenimiento, así que no veo ilícito el que el mago gane dinero con su afición/profesión. Sí que veo mal que los pseudocientíficos se llenen los bolsillos de pasta vendiendo supuestos remedios a enfermedades basados en teorías de dudosa veracidad, como pueda ser la homeopatía. Esta gente vende supuestos tratamientos de “algo” disuelto en agua y que cura mejor que las propias medicinas (más en este enlace) Esta parodia lo resume mejor que cualquiera de mis párrafos:

Pero el caso del pulpo, ¿es magia o pseudociencia? Desde el momento en el que al pulpo se le atribuyen poderes especiales de adivinación cae en lo segundo. Es lo mismo que hacen los homeópatas, los astrólogos y otra gente similar. Y cuando hay gente que se atreve a afirmar que las elecciones de Paul minan la moral del contendiente no elegido (ver el artículo del As más arriba) estamos en un claro caso de pseudociencia. Hay que tener cuidado con estas cosas. Una cosa es la magia, que para disfrutarla requiere de la llamada suspensión de la incredulidad (igual que para disfrutar de una novela de fantasía épica, es decir, no cuestionar continuamente el que no exista la magia, o los elfos), y otra que la suspensión de la incredulidad rija nuestro modo de pensar cotidiano. Como sabiamente dijo Tim Minchin: If you open your mind too much, you brain will fall out (si abres demasiado tu mente, se te caerá el cerebro):

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