De Caballitos y Espadas

10 05 2010

Con esa expresión definía el batería de Azrael a los grupos que usaban temática épica en sus discos, para explicar que las letras de su banda no tocaban esa temática, ya que no les gustaba. Pese a que suena un poco despectivo, a mí me hizo gracia y la adopté para referirme a ese tipo de bandas, aunque sería más preciso decir “dragones y espadas”. Hace poco volvió a surgir el tema con mi hermano, y me surgió una reflexión al respecto.

No hace demasiado, le dio a mi hermano por volver a poner una vieja canción de nuestra adolescencia, el Black Dragon del italiano Luca Turilli. La sorpresa que me llevé fue que, a pesar de los años transcurridos sin escucharla, y el cambio estilístico en mi gusto musical, aún recordaba la letra casi a la perfección. Ambos nos pusimos a recordar viejos tiempos, y rescatamos la expresión que da título al artículo. Más tarde, decidí prolongar los recuerdos con la escucha del disco completo. Disfruté de unos cuantos temas, pero a mitad de la última canción tuve que quitar el disco, empalagado.

La portdada del disco donde se incluye "Black Dragon"

Aquí habría que hacer un pequeño alto en el camino. Para quien no controle mucho del estilo de música que más me apasiona pueda entender bien todo el artículo, convendría aclarar cómo era mi gusto por entonces (hablamos de 1999-2000, cuando compré aquel disco) y el actual. Aunque ya por esas fechas degustaba algo del estilo que ahora más me llena, yo le hacía mucho al llamado Power Metal, un estilo de sonido ochentero, reminiscente de Blind Guardian, Helloween, Gamma Ray y algo de Iron Maiden, con un sonido melódico y bastante accesible. Era bastante novedoso (en cierto sentido) lo que estaba haciendo Rhapsody (la banda principal de Luca Turilli, el tema del que hablaba en el párrafo anterior pertenece a un disco en solitario), mezclando el Power con música clásica, en especial barroca. Las letras solían tirar por la fantasía épica, a lo Tolkien.

A día de hoy, si bien también disfruto con el hard rock en su versión más potente, o el Thrash metal, son sin duda los infernales y oscuros sonidos del Black Metal y el Death Metal los que me apasionan, llenos de agresividad, velocidad y letras tendentes al lado más negro de lo humano.

Sin embargo, no dejo de disfrutar con algunos discos de Power, y la prueba es que también rescaté el Imaginations from the other Side de Blind Guardian, y al revés de lo que ocurrió con el disco de Turilli, en cuanto terminó su reproducción volví a darle al play y repetir entera la escucha. Aunque claro, habrá quien me diga que cómo se me ocurre (con perdón de la expresión), comparar a Dios con un gitano. Y puede que no se equivoquen, resiste mucho mejor el paso del tiempo el disco del Ciego Guardián que el del virtuoso guitarrista italiano.

Ahora bien, me pregunto si el cambio del metal más melódico y accesible a uno más descarnado, violento y duro es sólo evolución musical o hay un cambio más sutil detrás, algo a nivel más personal. Cuando escuchaba sin parar el Black Dragon y temas similares, era un adolescente imberbe con ganas de comerse el mundo, fanático de Tolkien, y que creía que el mundo se dividía en buenos y malos, donde tras una batalla épica los buenos se impondrían, un poco como en El Señor de los Anillos o en los discos que escuchaba. Diez años más tarde, con más barba, más barriga y más fogueado en los avatares de la vida, veo esos discos e intenciones como algo infantiles, una visión ingenua del mundo donde sí, hay buenos y a veces ganan, pero donde la mayoría de las veces es el canalla emboscado y retorcido el que se lleva el gato al agua, y donde, de haber confrontaciones, no serán batallas grandilocuentes a sangre y fuego, sino trampas donde las puñaladas caigan por la espalda. Una visión del mundo tan negativa encaja más con esa música brutal que suelo citar como mi favorita.

Bien podría definir esta imagen y este título la visión oscura de la que hablo "Love's Burial Ground", el Lugar de Entierro del Amor.

No me entendáis mal. Sigo disfrutando con la épica. Sin ir más lejos, en Semana Santa mi novia y yo nos dedicamos (entre otras cosas no comentables, a ver si vais a creeros que estamos haciendo el friki todo el día) a ver las tres versiones extendidas de El Señor de los Anillos y las disfruté como siempre. Recuerdo releer el primer tomo de las Crónicas de la Dragonlance hace poco y sigue siendo una lectura fresca y ágil. Estoy esperando como agua de mayo los nuevos volúmenes de El Legado (la saga de Eragon) y de Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin (la mejor saga épica en años), y me encanta el tratamiento que le da al los mundos de fantasía Terry Pratchett, con su toque de humor a lo Monty Python. Pero no puedo evitar preguntarme si el cambio musical y de cosmovisión van ligados o sólo son imaginaciones mías. Al fin y al cabo, no sólo mantengo el gusto por esta temática (en lo musical y literario) sino que he ampliado mis preferencias musicales a otros frentes insospechados por aquella época, como puedan ser el rock más clásico o el más progresivo, a lo Pink Floyd, con algo de jazz y blues. Simplemente he madurado en mi forma de ver las cosas y llevado un paso más adelante mi amor por los sonidos duros del metal. Pero no deja de ser curioso que, con el paso de los años, me haya vuelto más radical en gusto musical al tiempo que más crítico y pesimista con la vida. Cuanto más viejo más pellejo, dicen. Y me da que yo voy por ese camino.

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4 08 2010
Álvaro Rojas

Muy buen articulo. Me vas a permitir, Mike, que me enroye un poquito ¿ok? Siento la parrafada que voy a soltar.

La adolescencia es una etapa muy importante en nuestras vidas. Algunos tienen una adolescencia placentera, otros una bastante complicada, pero lo más importante es cómo salir de ella. Algunos se quedan tal y como estaban y otros maduran.

Cuando salímos de nuestra adolescencia, cuando maduramos (algunos nunca consiguen madurar) nos damos cuenta de lo mucho que hemos cambiado con respecto a nuestro pasado.

Yo, aún me río cuando recuerdo esos días en los que pasaba las tardes escuchando a Camarón de La Isla y el Break Beat más rancio del mundo. Claro, era lo que escuchaban mis colegas (o más bien, los capullos con los que me juntaba) y como yo era un inmaduro sin personalidad, pues cual esponja, absorbía todo lo que veía de los demás.

Con el paso del tiempo he cambiado radicalmente, y no sólo en el aspecto musical Mike, pero como aquí se está hablando principalmente de ello, pues te diré, que me ha pasado todo lo contrario a lo que te ha pasado a ti.

Un vez dentro del Rock, me inmiscuí en los rincones más duros. Heavy, Thrash, Power, Speed, y muy poco de Death y Black. Así estube años, hasta que descubrí lo que más me gustaba, LO MELÓDICO.

El Heavy/Hard melódico era lo que más me atraía, lo que más me apasionaba, lo que más necesitaba. ¿Por qué? Realmente, creo que va con la personalidad de cada uno, lo tengo bien claro, al menos ese es mi punto de vista.

Soy muy nostágico, me paso el día anhelando tiempos pasados (de ahí, Anhelarium xD) y no sé por qué y qué es lo que activan en mi cerebro esos temas tan armoniosos que me trasladan siempre a esos años.

Y no sólo es eso, siempre me cargan de energía positiva.

Al igual que las fobias suceden cuando algo drástico te ocurrió en tu pasado, suele suceder lo inverso. Cuando ves, oyes, sientes, algo que te recuerda a aquellos maravillosos años, tiende a encadilarte.

Recuerdo cuando, en aquella primavera de 1995, se estrenó en cine la primera película los de Power Rangers. Ya en verano, me compré el cassette, el cual contenía la banda sonora de la película, y la canción que más escuchaba, era la que sale al final del film (si, cuando todos los rangers están contemplando los fuegos artificiales), Dreams, de Van Halen, del disco, 5150.

Me ponía una y otra vez esa canción. No paraba. Lo mismo me pasó con Its My Life de Bon Jovi cuando saliera en 2001. La estuve escuchando todos los días durante años. No exagero.

Creo que ahí está la razón por la cual amo el AOR y el Melody Hard.

Me podría extender más, pero paso que no te quiero aburrir.

Un fuerte abrazo amigo.

Álvaro R.

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