Todos estamos conecta2

26 04 2010

Es curioso, pero hoy en día cualquier pequeño o gran suceso que ocurra en una determinada parte del mundo, puede tener sus consecuencias en otro lugar totalmente diferente de nuestro planeta.

Actualmente, que una empresa situada en Grecia termine cesando su actividad debido a los malos resultados cosechados en los últimos años de grave crisis financiera, no solo afecta a sus empleados, que desde ese momento se ven sin trabajo y con un horizonte muy negro, afecta también de un modo u otro a una cadena de supermercados alemanes que compraba el producto que fabricaba la empresa griega y que ahora tendrá que buscar un nuevo fabricante de un producto similar para cubrir el espacio vacío que ha quedado en sus estanterías; afectará a un alemán de cuarenta años que después de probar todas las marcas existentes en el mercado para el producto en cuestión, se decantó por el fabricado en Grecia pues le pareció la mejor opción, y ahora tendrá que retomar esta selección para realizar una nueva elección; afectará a un español de veinticinco años que era candidato a un puesto de trabajo de una empresa madrileña pero al final esta se decantó por un griego muy preparado, con experiencia e idiomas, que emigró a Madrid después de que su empresa cerrara por la crisis.

Como os imaginareis, este ejemplo podría ser interminable, pues además de fijarnos en los primeros afectados tendríamos que atender también a las siguientes consecuencias, pues seguramente el supermercado alemán seleccione otra empresa a la que comprar, y esta sin duda aumentará sus ventas, generando así otras consecuencias, y seguramente el joven que no logró el trabajo, se presente a otras muchas entrevistas y se termine amargando por un futuro incierto cuando ya podría estar trabajando, y seguro que esto conllevará finalmente fatales consecuencias…, como por ejemplo que el joven acuda un día a un estanco con una Colt GM 1911 del calibre 45 en su mano y tras pedir varias veces al vejete de detrás del mostrador el dinero de la caja, que se de la casualidad que en ese preciso instante por la calle pase un coche de policía, y el vejete decida gritar pidiendo socorro, a lo que nuestro joven responde nervioso disparando la pistola y segando así la vida del hombre mayor.

De esta forma, y como veis, un suceso cualquiera puede llegar a desencadenar una serie de acontecimientos que al final pueden afectarnos directamente a nosotros, que con cara de tontos nos preguntaremos como la mujer del estanquero: ¿Qué culpa tengo yo de que este chico no encuentre trabajo?, yo no conozco a ningún griego que haya empezado a  trabajar en una empresa madrileña, ¿Qué tiene que ver conmigo que una empresa griega acabe en el hoyo?

En la antigüedad esto no era así, o al menos lo era en menor medida, y es que por ejemplo, cuando moría un hombre, los afectados eran solo los más cercanos, pues su hijo ocupaba su lugar pero sin más consecuencia que el adelantar la sucesión, y las consecuencias que podía tener este hecho pues eran muy aisladas y acababan quedándose dentro del pueblo en cuestión o como mucho afectaba a la región, pero ni el país vecino ni siquiera la ciudad más cercana sufría ningún trastorno por este hecho.

Por suerte o por desgracia (¿quien sabe?), todos los avances tecnológicos que hemos sufrido en el último siglo, nos han llevado a una “globalización” que ha ampliado el área de conexiones interpersonales, sociales y económicas de un espacio muy reducido hasta la actual totalidad del planeta y es que el concepto que engloba la palabra “globalización”, bien podría recogerse en la palabra “totalización”, pues al fin y al cabo, eso es a lo que se refiere.

Sea como fuere, el hecho que quiero reseñar con toda esta reflexión, es que hoy la más insignificante de las acciones puede desencadenar una serie interminable de sucesos, por eso hay que pensar muy bien cada nueva decisión, pues al igual que en una partida de ajedrez, con cada uno de nuestros movimientos sugerimos al contrario una respuesta, y está puede acabar por ser crucial en la partida.

La diferencia entre una partida de ajedrez y la vida es que la primera se desarrolla en un tablero con sesenta y cuatro cuadrados, mientras que en la vida, el escenario es todo el planeta y las fichas toda la población mundial.

Sin duda, si todos fuéramos concientes de esta afirmación y la hiciéramos nuestra, la Tierra sería un lugar mucho más tranquilo para vivir, pues al ser plenamente conscientes de que todos estamos conectados entre nosotros, seguro que todo el mundo actuaba de forma más correcta, y así desaparecían los políticos corruptos, los ladrones, los asesinos, los maltratadores y todas esas figuras desagradables que hoy abundan en la fauna de nuestro planeta.

Nuevamente debo recurrir a una de mis máximas, que además es muy sencilla, “Trata a todo el mundo como te gustaría que a ti te trataran”; y es que bajo la reflexión que acabamos de hacer esta afirmación se cumple más que nunca, pues si todos estamos conectados, lo más posible es que cualquier acción negativa que realices, después de deambular mediante una secuencia de acontecimientos alrededor del mundo, terminará por encontrarte y cobrarse el peaje apropiado.

Y esto me hace pensar en el famoso y controvertido “karma”, pues al final no son conceptos tan diferentes, pues al final la idea a la que quiero llegar es muy similar a la idea de mantener limpio el “karma” para así tener la suerte de cara, solo que suprimiendo totalmente la religión de nuestra ecuación y tan solo recurriendo a un viejo refrán que decía algo así como “Para recoger la cosecha, primero hay que sembrarla” u otro que también se ajusta a nuestro tema haciendo uso de la agricultura y que dice: “El que siembra vientos recoge tempestades”.

Y como no, nuestro pequeño mundo mz no es para nada diferente a su hermano mayor, pues al igual que él, está globalizado, lo cual se consigue mediante un mercado único de jugadores que permite que compitamos por cualquier jugador con chinos, argentinos y suecos.

Y como en la vida real, cualquier acción que se realiza en nuestro pequeño mundo desencadena una serie de sucesos a continuación.

Por ejemplo, la marcha de un fuerte equipo de primera división supone que sus jugadores vayan al mercado y que otros equipos fichen a estos jugadores para posteriormente poner a los suyos en venta y así sucesivamente.

Así pues y según la reflexión inicial, todo acto acaba pasando factura, lo cual aplicado a managerzone me hace pensar sin duda en los “engaños” en las ventas sobre las habilidades maximizadas.

Sin duda el vender un jugador capado diciendo que no lo esta, en el momento, reporta mayores ingresos, pero lo que tenemos que tener claro es que muy posiblemente la honda expansiva nos acabe cobrando este dinero extra más sus intereses en otro momento.

Acabaré la reflexión diciendo que cada uno de nosotros no somos si no la suma de nuestros actos, y como tal, todo lo que hacemos nos pasa su factura.

Hasta aquí la reflexión de esta semana, portaros bien hasta que nos volvamos a leer y no dejéis de disfrutar de la vida.

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