Quiero ser estrella del porno

26 04 2010

Eso cantaban Lujuria hace ya unos añitos, y seguro que más de uno lo ha pensado ¿verdad? Un trabajo que a todos nos gustaría, agradable en extremo y con suerte bien pagado. No se puede pedir más. Pero el habitual de la columna ya se habrá imaginado que los tiros no van exactamente por ahí, y que como dicen en los países angloparlantes y cantan los thrashers californianos Testament, “There’s More than Meets the Eye” (hay más de lo que el ojo ve)

Ser estrella del porno es algo que todos los hombres nos hemos imaginado alguna vez. Dedicarse a vivir del sexo, que te paguen por una actividad tan placentera y de forma legal se nos antoja a muchos como el trabajo ideal. Muchas mujeres probablemente no se lo planteen, porque el porno es un mercado para consumo masculino y suele ser vejatorio para ellas. Aparte de que siguen existiendo los estereotipos negativos sobre las mujeres que se acuestan con más de un hombre. Pero la mentalidad masculina es diferente, y eso de satisfacer las pulsiones sexuales del modo citado es de lo más goloso.

Pero hay otra forma de ganarse la vida a través del sexo, de forma legal. Para ello no se requieren exactamente las mismas cualidades que para el estrellato porno. Hay que tener sentido de la oportunidad y buena suerte. Colocar el correspondiente aparato reproductor en el lugar adecuando, en el momento oportuno, y con un famoso de turno como partenaire en el intercambio. Luego se trata de ir vendiendo la historia a los correspondientes medios de comunicación, con cuantos más detalles mejor, vender primero lo enamoradísimos que estáis, cuándo hay boda, o mejor aún, una separación con odio reconcentrado por ambas partes, un divorcio interminable y rondas de programas posteriores, sobre todo si el ex cónyuge tiene nueva pareja, a la que se ha de detestar ad infinitum (aunque sea delante de la cámara)

La verdadera razón por la que está donde está: el sexo

Pero claro, uno de estos individuos de cualquiera de los dos sexos jamás reconocerá que su fama viene de eso. Siempre tendrán una profesión a la que se dedicaban con todo el empeño del mundo antes de dar el braguetazo: modelo, cantante, actor en ciernes… Nunca dirán que sus apariciones en televisiones y revistas del corazón son a causa de haber tenido sexo con otro famoso de más o menos nivel. Mientras, un actor o actriz porno reconocerá sin problemas, en general, que a lo que se dedica es a eso, mantener relaciones sexuales delante de una cámara de vídeo para su posterior comercialización. Los Nacho Vidal, Rocco Siffredi o Ron Jeremy nunca han negado el origen de su fama. Siempre hay excepciones. La ex actriz Lucía Lapiedra ha pasado al rol de “digna” y se ofende si le recuerdan su pasado. Además olvida que es la ex de otro de esa calaña (famoso por follar a famosa), ahora contertulio de programas rosa y lamentable columnista del Marca.

Y qué queréis que os diga. Prefiero a los primeros que a los segundos. Tienen más dignidad y coherencia a la hora de hablar de sus trabajos. Son lo que son y no tienen reparos en decirlo. En cambio los otros negarán a ultranza el que su fama venga del sexo con alguien famoso, escudándose en una supuesta carrera profesional, que no le había reportado nada hasta el momento. Así que puestos a elegir, sí, quiero ser estrella del porno. Aunque no tenga la herramienta adecuada para ello.

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2 responses

27 04 2010
raperez

jajajajajaja….., me ha gustado mucho rexo, pero lo mejor el final, lo de la herramienta. 😉

11 08 2010
Álvaro Rojas

¡Muy bueno lo de la herramienta jajajaja! Aunque aún así, prefiero que mi mujer sea una Belén Esteban que una chica, que se dedica a comer pollas en público y se deja bukkakear por decenas de tíos. Lo siento. Con el porno, tengo cierto toque hipócrita. Me explico: Estoy totalmente a favor del porno, y es más, me gusta y de vez en cuando, veo porno. Respeto a los actores, directores y me parece MUY bien que éstos se ganen la vida así. Ahora, no podría casarme con una actriz porno, no podría estar con una persona que se dedicara a ello. No quiero una madre así para mis hijos, una madre que públicamente, se harta de comer rabos a mansalva, a unos y a otros, a jóvenes y a viejos, sin reparo alguno.

¿Soy un hipócrita de mierda? Vale, quizás…

Álvaro R.

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